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La tiza 2.0 - #9 XarxaTIC: 21 al 27 de febrero de 2022

La tiza 2.0
La tiza 2.0
Ya queda nada para el décimo boletín. Preparado, como todos, a última hora del domingo, para que podáis ¿disfrutarlo? el lunes. ¿Quién nos iba a decir que pasaríamos de una pandemia nunca vista a una guerra muy de déjà vu? Y lo que nos queda por ver al ritmo que vamos.
Mucha desinformación en los medios y las redes sociales. Charlas educativas por encima de nuestras posibilidades. Premios muy interesantes, avalados por la Ministra del ramo, que indican a las claras quienes mandan en el ámbito educativo a nivel macro. Docentes pidiendo que se baile reguetón (sí, la RAE dice que debe escribirse así) como medida de presión. Así nos va.
Por suerte todas las tonterías que dicen en los medios o algunos en las redes sociales relacionadas con mi profesión tienen, entre cero y nula repercusión en mi aula. En mi centro algunas cosas sí que caen pero, al ser más de temas burocráticos, les toca “burrocratizarse” a los del equipo directivo o a los que tienen algún tipo de cargo. Yo soy el de jornada completa sin reducción ninguna. Así que, mejor dar clase que dedicarme a cosas que no sirven de nada. Lo sé, dar clase, aunque algunos vendan maravillas de lo que sucede ellas (y por ello se hayan fugado para evangelizar desde fuera), es un trabajo que no sabes cómo te va a salir. Es lo que tiene tratar con seres humanos y no con tornillos porque, por si alguien todavía no se ha enterado, el alumnado son seres humanos y, por ello, es tan complejo encontrar algo que pueda funcionar al 100% en todas las clases para todo tipo de alumnado. Bueno, más bien no existe lo anterior por mucho vendedor de humo que haya.
El lunes no escribí nada. Venía de un fin de semana cansado por temas poco profesionales. Bueno, he de reconocer que alguna cosa sí que hice, aunque no me guste darle el bombo de algunos que restriegan siempre “lo mucho que trabajan en fin de semana”. Pues va a ser que yo me estoy tocando los bemoles en la mayoría de ocasiones. Y si no me los tocara, no se me ocurriría decir lo mucho que curro porque podría dar lugar a dos interpretaciones: no tengo vida más allá del trabajo o soy tan poco productivo que no consigo sacar el trabajo con mis 37,5 horas semanales organizándomelas de lunes a viernes. Ya, lo sé. Queda muy guay decir que los docentes trabajamos mucho. Pues yo prefiero decir que disfruto de mis períodos vacacionales. Soy así de raro. Y no me siento nada mal por decirlo y difundir mi estado de “vagancia y relajación”.
El martes, algo más animado, volví a hablar de los ríos revueltos y de la ganancia de algunos pescadores, refiriéndome a los que trincan de la educación, que están interesados en no parar de moverse para vender y vender productos innecesarios pero que, tanto ellos, como los medios, como algunos que les hacen de palmeros, creen que lo son. ¿Os acordáis de los que vendían las potencialidades de Prezi o de las gafas molonas Oculus Rift con las que muchos se hicieron fotos de perfil hace años? No, la cosa es mucho más lenta en educación. O debería serlo. Antes masticar que tragar. Eso me decía mi abuela. Bastante más inteligente que, por lo que parece, muchos que se suben a trenes bala rapidísimos sin posibilidad de otear el paisaje. Ya me entendéis.
Por cierto, en el ámbito educativo no existen las casualidades. Si tiras de relaciones entre determinadas organizaciones y cosas que se están haciendo/vendiendo, se encuentra casi siempre a Ashoka. Nada, es que todo es casual. Como la ropa. Además el concepto mola mazo. Y cómo puedes resistirte a determinadas cosas cuando te vienen desde muchos sitios que, al final siempre son los mismos. Eso es como las granjas de bots que intentan gestionar tu opinión sobre un tema creando miles de perfiles falsos en las redes sociales. Pues esto sucede también en educación. Lo que pasa es que más que perfiles falsos, son perfiles de algunos que, o bien tienen pocas ganas de buscar el origen de ciertas cosas y las compran acríticamente o bien, como digo siempre, forman parte del entramado. ¿Conspiración educativa? No. Solo simples casualidades.
El miércoles me autocensuré, después de consultarlo con mi mujer (muchísimo más inteligente que yo), un post. Sí, a veces me censuro cosas. Conforme me hago mayor cada vez me gusta más meditar qué decir y si vale la pena hacerlo. Como digo últimamente, que cada perro se lama su pijo. Algunos ya estamos hartos de ser cabeza de turco de gente que no quiere dar la cara. Eso sí, palmaditas de escondidas recibimos muchas. Así pues, me autocensuro cada día más.
Los centros educativos son demasiado grandes. Un tamaño lógico para un centro educativo sería de 500-700 alumnos. Más es totalmente ingobernable, perjudica la convivencia entre la comunidad educativa que está entre sus paredes y reduce el aprendizaje del alumnado. No lo digo yo. Lo dicen las investigaciones. Esas que para algunos solo sirven si dicen lo que quieren decir. No puede ser que un cerdo, por normativa, tenga más espacio en las granjas que nuestro alumnado. Mi centro, por ejemplo, tiene 2100 alumnos y 200 profesores. Si alguien me dice que esto es razonable…
El sábado me puse en mi rol buenista (también lo tengo) y hablé de cosas buenas que suceden en educación. Son muchas y quizás son las más. El problema es que, por desgracia, en ocasiones damos poca importancia a lo que se hace bien y más a lo que se hace mal. Sacamos siempre excepciones o cosas de nula afección en el aula para criticarlas o cuestionarlas, olvidando que lo que se dice en los medios o en las redes no significa nada. Bueno, salvo que te reafirme la relación de determinadas organizaciones con algunos discursos educativos. O, simplemente, que veas ciertas cosas que te chirrían por ser, o bien inconsistentes, o bien perjudiciales para el alumnado. Pero, como siempre digo, yo puedo publicar una foto de la paella en las redes sociales y, al final, el que me la voy a comer voy a ser yo. Incluso puede ser que publique una foto de una semana anterior o la del vecino de al lado. Es que, al final, el postureo se nos va de las manos. Y en educación no es diferente.
Por cierto, muy relacionado con los medios, me gustaría decir que me parece muy preocupante que, con excusas variopintas, se decida qué es publicable y qué no. No es malo que se desinforme. Lo malo es que no haya una población que se cuestione los inputs que le llegan, compruebe la veracidad de los mismos y lea/escuche/vea algo más que su folletín de cabecera.
Y, finalmente, en el día de ayer, nuevo patinazo (o no) del community manager del Ministerio de Educación y FP, haciendo un publirreportaje de una entidad bancaria avalando sus “premios al mejor docente”. Ello me permitió taxonomizar al profesorado entre los que lo aplaudían, los que lo criticaban (yo entre ellos), los que les era indiferente (aunque eso les afecte) y los que participan en esos premios. Son de esos tuits que, por suerte, te permiten saber cómo son determinados docentes. Y así te ayudan a saber con quién puedes compartir mesa y con quién no.
Que la semana se os haga corta a los docentes vacaciones y muy larga a los que no tenéis más vida que la profesión. Recordad que yo os doy mis horas lectivas gratis. He dicho GRATIS.

A río revuelto…
Casualidades a tutiplén
Censurado
Macrogranjas de alumnado
Claro que pasan cosas buenas en educación…
Hay cuatro tipos de docentes
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La tiza 2.0
La tiza 2.0 @xarxatic

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