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La tiza 2.0 - #13 XarxaTIC: 21 al 27 de marzo de 2022

La tiza 2.0
La tiza 2.0
Dicen que no hay trece malo. Bueno, salvo para los que creen en la mala suerte, los unicornios y el humo de colores. A esos les dedico este post. A esos, a los de la Fundació Bofill, a la OCDE, a Ashoka, a la Ministra de Educación y a todos aquellas organizaciones y personas que, pudiendo mejorar la educación, se dedican a interpretar su versión de lo que debería ser la educación.
Por cierto, había pensado hablar de vocación en esta introducción pero va a ser que, a dos semanas y media de vacaciones, como docente vacacional es un tema que no me interesa demasiado. Mi vocación se sustituye por la nómina a final de mes y el timbre de última hora del viernes. Otra cuestión es que ya que eres pobre para tener que trabajar, lo hagas de la mejor manera posible. Pero a eso se denomina profesionalidad. Ya está bien de tanta psicología positiva, salario emocional y vocación. Bueno, salvo para aquellos cretinos que compran los conceptos anteriores y siempre piden, curiosamente, que sean los demás los que trabajen o que les copien su modelo de esclavismo laboral. Si el trabajo fuera bueno, como decía una pintada en mi pueblo donde viví muchos años, se lo quedarían los ricos para ellos.
Lo que sí que voy a hacer es hablar de dinero público. Más bien de dinero destinado a la educación en todas sus facetas. Y voy a afirmar alto y claro que se está despilfarrando a chorro en cosas innecesarias. En contratar a determinados asesores que nadie sabe qué están haciendo, planes diseñados a medio carajillo, infraestructuras que ya se quedan pequeñas antes de construirse, pagos a gurús para que den charlas de no se sabe qué y mucho descontrol en la gestión. Si queréis algún día hablo de esas aulas maravillosas, con sillas de colores y el pastizal que han costado cuando nadie sabe para qué se van a usar. Lo importante, como muchas cosas en educación, es gastar el dinero antes de que nos lo quiten. Da igual si se gasta bien o mal. Lo importante, gastar. Lo de saber en qué y gestionarlo como si fuera el dinero de uno, salvo en los centros educativos y en algunos lugares ignotos de las administraciones educativas, es algo igual de difícil de ver que un gamusino en celo. Bueno, igual de difícil de ver que un simple gamusino.
Nada, ya me he liado. Ser domingo, aunque recibáis este boletín el lunes, después de un gazpacho manchego demoledor y de siesta posterior obligatoria, hace que no escriba de forma muy coherente.
Vamos a revisar acerca de qué he escrito esta semana, porque ya sabéis que esto va para ahorraros leer todo lo que escribo. O para incentivaros, si tenéis tiempo y ganas de perderlo, a leerlo.
Empecé la semana hablando del nombramiento de Isabel Celaá, ex Ministra de Educación, como Embajadora en el Vaticano, con un salario de 20000 euros netos al mes, amén de palacete, chofer, personal de limpieza y cocinero. Eso se merecía ir con mantilla a verse con el jefe de ese Estado. Un tipo vestido de blanco. La verdad es que viendo la foto, me parece un blanco y negro de toda la vida. Sí, ese bocadillo mezcla de longaniza y morcilla que algunos nos comemos para almorzar. Así queremos a nuestro colesterol en mi tierra de adopción.
Sé que os chirrirará que la gran detractora “de boquilla” de la religión en nuestro país rinda pleitesía al máximo representante de la misma pero, como todos sabéis, la pela es la pela. Y no solo para los catalanes.
El mismo día, producto de la inspiración, trasladé unas reflexiones de Twitter acerca de que no era necesario que alguien fuera docente para gestionar la educación. Que era necesario que supiera liderar y gestionar, además de rodearse de los mejores asesores posibles. Añadí como coletilla al post que la actual Ministra no es maestra. Ha estudiado Magisterio de mayor y jamás ha trabajado en nada que no sea un cargo político “a dedo”. Es que el hábito no hace al monje. El monje se curte en el convento haciendo bebidas espirituosas y en los maitines.
Con las redes sociales nos hemos convertido en unos adictos a la información, al me gusta o retuit rápido (muchas veces sin leer la noticia enlazada) y a la trola. Hay trolas que se difunden muy rápidamente por las redes sociales. Especialmente por la velocidad a la que va la información. Viralizar una trola está a la orden del día, habiendo expertos en ello. Ilustro el artículo con un ejemplo muy claro.
Esta semana he tenido Claustro. Doscientos docentes en una pequeña sala (la pandemia solo existe en la mente calenturienta de algunos) para que debatiéramos acerca de cómo gestionar una paella que vamos a hacer los días antes de Pascua en el patio. A las tres de la tarde y con hambre, no me gusta demasiado perder el tiempo. Los Claustros, aparte de haberse infantilizado, están perdiendo todo su sentido. Especialmente si la única información que se da en los mismos puede transmitirse por correo electrónico (¡a ver si empezamos a leer lo que nos envían!) o montarse el evento de paellas en reuniones informales en el bar.
Al día siguiente, ya caliente por el tema del Claustro en mi centro, van y me tocan la moral con un tema. Pues a tomar viento mi dedicación a la gestión de ciertas cosas relacionadas con las TIC a cambio de dos míseras horas menos de guardia. Sí, a dieciocho horas lectivas era ser un poco gilipollas el meterme en determinados berenjenales. Me quiero mucho. Demasiado he tardado. Y aún así, creo que voy a seguir haciendo el gilipollas. Tropiezo demasiadas veces en la misma piedra pero, por desgracia soy de los que tengo ganas que las cosas se hagan bien.
Una de las cuestiones por las que no compensan determinadas cosas es porque a nadie le interesa digitalizar de verdad un centro educativo. Seguimos usando el correo electrónico teniendo alternativas más ágiles y eficaces, no hay comunicación directa salvo tropocientos grupos de whatsapp que inundan tu teléfono personal,… Es que digitalizar algo implica trabajo y sentarse para hacerlo bien. No a lo loco poniendo herramientas sin explicar ni cómo funcionan, ni creyendo en la buena fe de los que van a usarla. O se vende que es para ahorrar tiempo o los docentes no van a digitalizar nada. Es que es de cajón.
El viernes noche tuve una de esas videoconferencias con tres amiguetes de estos que te haces por la red del pajarito para hablar de educación. Y, entre tanto hablar de palpaciones testiculares, salió el tema de lo rápidos que vamos en educación. Como pollos sin cabeza fue la frase estrella para resumirlo. Nada mejor que cogerles la inspiración, sin pagar royalties, para perpetrar un alegato por reducir la velocidad en educación.
Finalmente un artículo sobre la Fundació Bofill y todos los satélites que, a mi entender, se están cargando la educación catalana. Una lista que nos facilitó el redactor jefe de su panfleto (el diario ARA) gracias a un tuit. Es bueno conocer al enemigo. O es indicativo que creen tenerlo todo tan controlado y tanto poder, que ya no necesitan esconderse. Es una lástima que tengan tantos tentáculos y que gestionen la educación como su chiringuito. Convertir la educación en un chiringuito de unos hace que sea imposible mejorarla. Vale para el lobby (o think tank como se autodenominan) que se ha quedado con la educación catalana o determinadas empresas y organizaciones que deciden qué y cómo hacerse en otros lugares.
Aquí ya salió el sol ayer, después de dos semanas de lluvia. A ver si nos aclaramos porque, al menos en mi caso, me vine al Levante para tener buen tiempo. Y estas dos semanas me he sentido estafado. Feliz semana.

Pues ya estaría
¿Deben los responsables de gestionar la educación ser docentes?
La redes sociales amplifican las trolas
Los Claustros no son (o no deberían ser) para zascandilear
No compensa
¿Por dónde empezar a digitalizar un centro educativo?
Como pollos sin cabeza
Bofillers
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La tiza 2.0
La tiza 2.0 @xarxatic

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