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Valeria Foglia
Valeria Foglia
¿Qué es el Antropoceno y por qué debería importarnos?
Bahía de San Francisco, uno de los puntos investigados | Crédito: Copernicus - Sentinel 2
Bahía de San Francisco, uno de los puntos investigados | Crédito: Copernicus - Sentinel 2
Cuando el químico holandés Paul Crutzen refunfuñó sonoramente en plena reunión anual del comité científico del Programa Internacional Biósfera Geósfera (IGBP) seguramente no imaginó la difusión ni la variedad de acepciones fuera de la geología que tendría el término que acababa de pronunciar. Esa tarde de febrero del año 2000 en Cuernavaca el premio nobel había propuesto dejar de llamar Holoceno a la época en que vivimos: “Estamos en el Antropoceno”.
La palabra tenía su historia desde mucho antes. Ya en 1854 el geólogo galés Thomas Jenkyn habló de rocas “antropozoicas” en referencia a las que se formaron con el primer poblamiento terrestre. Dos años más tarde, el geólogo irlandés Samuel Haughton usó esa expresión para mencionar la época actual. El alemán Ernest Haeckel afirmó en 1868 que el “período antropozoico” equivalía a la “era del hombre”. Antonio Stoppani, geólogo italiano, hablaría de la era del Antropozoico en 1873. En tanto, el Antropógeno, a veces llamado Antropoceno, llegaría en 1922 de la mano del geólogo soviético Aleksei Petrovich Pavlov, inaugurando el uso corriente de este término en la URSS hasta mediados del siglo XX.
Desde el 2009 el Grupo de Trabajo del Antropoceno, actualmente integrado por un equipo interdisciplinario de catorce países, busca poner orden al caos de sentidos y usos del término por parte de las ciencias sociales, los medios de comunicación y hasta ámbitos artísticos. En los últimos años, además, al Antropoceno le aparecieron contrincantes de dudosa procedencia. ¿Es la “era humana”, una denuncia al impacto de la civilización en el planeta o una nueva época geológica? Emergencia en la Tierra conversó con Roberto Andrés, periodista ambiental e investigador sobre el Antropoceno, acerca de por qué la geología tiene autoridad para definir el término, qué alcances tiene, quiénes se oponen y qué falta para que se formalice.
Welcome to the Anthropocene
Welcome to the Anthropocene
Antropoceno remite claramente a otros términos dentro de la escala geológica de tiempo: Pleistoceno, Holoceno…, pero el prefijo antropo genera confusiones. ¿Qué es, cuándo empieza y cuál es el sentido que le dan quienes buscan que se lo reconozca formalmente al interior de la geología?
El Antropoceno es una nueva época geológica caracterizada por el impacto industrial de la sociedad contemporánea. Paul Crutzen le dio popularidad al término hace veinte años cuando era vicepresidente del IGBP y estudiaba los complejos procesos físicos, químicos y biológicos del planeta Tierra. Formalmente, hoy vivimos en el Holoceno, una época que comenzó con el fin de la última glaciación hace unos 11 700 años y cuyas condiciones ambientales globales fueron claves para la aparición de la agricultura, los asentamientos humanos permanentes y la propia civilización humana. Sin embargo, la evidencia indicaba que estas condiciones ya habían desaparecido. Lamentablemente, Crutzen desconocía los protocolos de la geología para hacer cambios en la escala de tiempo. Ocho años después un grupo de geólogos ingleses, al ver el uso cada vez más extendido del término, invitó a Crutzen a llevar esta línea de investigación hasta el final: así nace el Grupo de Trabajo del Antropoceno (GTA). Hoy son más de treinta especialistas de catorce países los que integran este organismo oficial perteneciente a la Subcomisión Estratigráfica del Cuaternario, parte de la Comisión Estratigráfica Internacional, que es la que tiene la facultad de hacer cambios en la escala geológica si se le presenta la evidencia que lo justifique. Por lo tanto, el GTA es la única institución que está dando una pelea seria y tiene posibilidades reales de que se actualice la escala de tiempo con el reconocimiento de esta nueva época geológica.
Me preguntás sobre cuándo comenzó el Antropoceno. El GTA reformuló la propuesta inicial de Crutzen, que al comienzo lo situó en la Revolución Industrial. Descubrieron que si bien a finales del siglo XVIII el planeta mostraba tendencias al alejamiento del Holoceno, la verdadera ruptura ocurriría al terminar la Segunda Guerra Mundial. Identificaron un crecimiento poblacional y en el consumo de energía, así como el calentamiento global, la pérdida de biodiversidad, la acidificación de los océanos, distintas formas de contaminación y las marcas geológicas que estos fenómenos generan. Esto es lo que explica el uso de “antropos”: a diferencia de las épocas geológicas anteriores, el Antropoceno no habría sido posible si el homo sapiens, nuestra especie, no hubiese adquirido el poder de transformar la corteza terrestre al punto de dejar una huella estratigráfica global que persistirá por millones de años. El Antropoceno generó rechazo porque algunos consideran que la inclusión del prefijo antropos endilga responsabilidad a toda la humanidad por el daño al planeta, en lugar de apuntar a sus clases dirigentes. Pero no hay juicios de valor en ese sentido ni evidencias de misantropía en la literatura científica del Antropoceno. Se le asigna a la humanidad un rol de fuerza física de alcance geológico, no responsabilidad política.
Hay un debate en curso desde hace años. Mientras la geología reclama su jurisdicción sobre el término, la antropología, la historia, la sociología y otras disciplinas declaran su derecho a usarlo según acepciones propias. ¿Es un concepto solamente geológico o también cultural?
Es un concepto geológico de enorme impacto cultural. La propia naturaleza del Antropoceno lleva al involucramiento de otras disciplinas en su análisis, especialmente las humanidades y las ciencias sociales, aunque en estas áreas sigue siendo un grupo pequeño el que le presta real atención. Por eso el GTA incluye la participación de arqueólogos y antropólogos, entre otros, aunque los únicos con derecho a voto, ante los ojos de la Comisión Estratigráfica Internacional, son los geólogos. El problema surge cuando se superponen criterios analíticos propios de cada disciplina, que obedecen a distintas tradiciones porque su objeto de estudio es de naturaleza diferente. Por ejemplo, en geología para definir una época se recurre a señales estratigráficas de presencia no solo global, sino también sincrónica en el tiempo. Esto difiere notablemente de disciplinas como la arqueología, en donde la evidencia indica que se puede hablar de Edad de Bronce o Edad de Hierro en distintos lugares y momentos. No respetar los límites disciplinares ha llevado a algunos académicos a hablar del Antropoceno como si comenzara en un lugar y luego en otro, lo que choca de frente con los criterios reconocidos por las autoridades geológicas para definir las épocas.
Otros directamente proponen nombres alternativos.
Sí. Clémence Hallé y Anne-Sophie Milon han llegado a recopilar más de cien términos alternativos al Antropoceno, tales como Termoceno, Tanatoceno, Fagoceno, Phronoceno, Pyroceno, Agnotoceno, Econoceno, Capitaloceno, Angloceno, Polemoceno, Mantropoceno, Mixoceno, Heteroceno, Tecnoceno, Socioceno, Plantacionoceno y bromas obvias como Misantropoceno y Antrobsceno. También hay casos extremos, como el de la filósofa posmodernista Donna Haraway, que propuso el Chtuluceno, inspirada en el terrible monstruo multidimensional de la obra de H. P. Lovecraft. Según el GTA, muchos de estos términos fueron acuñados para criticar el concepto de Antropoceno. Obviamente las autoridades geológicas jamás recibieron una petición formal de este tipo, lo que muestra su inconsistencia. Pero en las humanidades también hay mucha sensatez. Por ejemplo en el derecho internacional, donde, en lugar de inventar términos alternativos o resignificar arbitrariamente el Antropoceno, hay un mayor respeto por los criterios estratigráficos.
¿La izquierda se metió en el debate sobre en qué época vivimos?
Aunque sin caer en posiciones negacionistas extremas, la gran mayoría de la izquierda sigue viviendo en el Holoceno. Es una especie de negacionismo funcional. Solo un puñado de intelectuales marxistas se ha adentrado en esta discusión, aunque con posiciones contrapuestas. El rechazo del prefijo antropos ha llevado a algunos, como Andreas Malm, a contraponer el término Capitaloceno, pensando que de esta manera se puede bloquear cualquier interpretación misántropa del debate y enfatizar la responsabilidad de las multinacionales, especialmente las petroleras. Otros como John Bellamy Foster e Ian Angus, separando la paja del trigo, se ajustan al marco establecido por la ciencia del Antropoceno y reflexionan sobre la importancia política de esta gran contribución científica para una comprensión más acabada del mundo, casi de la misma manera en que Marx y Engels lo hicieron con Darwin, James Anderson y Charles Lyell. En este sentido, la discusión sobre el Capitaloceno es fundamental, porque expone límites y fortalezas de la izquierda, que en términos generales me parece que está desarmada teóricamente frente al debate.
Capitaloceno se volvió muy popular en los últimos tiempos. ¿Por qué no es un contendiente aceptable para el Antropoceno?
El argumento del Capitaloceno tiene cuatro fallas importantes: la principal es su intento de igualar geología con economía, subestimando las especificidades de cada una. Por ejemplo, reemplazar Antropoceno por Capitaloceno lleva a negar el hecho de que aunque el capitalismo sea derrotado y se convierta en un vago recuerdo, seguiremos viviendo en el Antropoceno. Es decir, la sociedad industrial contemporánea seguirá siendo una fuerza física de alcance geológico global. Esto ha llevado a los sociólogos ambientales Bellamy Foster y Brett Clark a concentrarse en las implicancias políticas, sociales y económicas del Antropoceno, pensando en sus primeras etapas en lugar de rechazarlo. En segundo lugar, los defensores del Capitaloceno tienen muchas dificultades para explicar qué es –incluso sin acuerdo entre sí– y también a la hora de describir qué es el Antropoceno. En tercer lugar, los defensores del Capitaloceno padecen de cierto fetichismo eurocéntrico, ya que su narrativa se concentra en la Europa de fines del siglo XVIII. Por eso la historiadora Julia Thomas los llama “retromodernistas”, porque subestiman otros factores ajenos a ese contexto. En cuarto y último lugar, se niegan a reconocer que el término Antropoceno está lo suficientemente instalado en las ciencias naturales, por lo que es poco práctico intentar reemplazarlo. Si fuesen realmente consecuentes llevarían esta discusión a las autoridades geológicas. Pero no lo hacen, por lo que el Capitaloceno se vuelve solo una “geopoética”. En mi opinión, tal como señaló Trotsky, el marxismo no es una llave maestra que abre cualquier puerta. Para dar respuesta a los nuevos problemas que enfrenta la humanidad debe ubicarse desde adentro de esas nuevas áreas del pensamiento, con una apropiación crítica y sobre todo profunda de lo más avanzado de la ciencia burguesa. De lo contrario, es simple charlatanería. Por eso creo que el concepto de desarrollo desigual y combinado, enriquecido con las nuevas conquistas de la ciencia planetaria, es clave para una reactualización del marco teórico estratégico de la revolución permanente en el Antropoceno.
El Grupo de Trabajo del Antropoceno.
El Grupo de Trabajo del Antropoceno.
El proceso para el reconocimiento oficial del Antropoceno está en marcha desde hace algunos años. ¿Cuáles son los pasos y en qué estado está hoy? 
En los dos últimos años el GTA recolectó evidencia en doce sitios de América, Europa, Asia, Oceanía y la Antártida para extraer núcleos y depósitos sedimentarios donde se pueda registrar un impacto humano sincrónico y global en la corteza terrestre. Entre el 18 y el 22 de mayo expondrán esta evidencia en la Casa de las Culturas del Mundo (HKW) de Berlín, un espacio que desde un comienzo ha simpatizado con esta línea de investigación. Posteriormente, publicarán en la Anthropocene Review estos resultados y votarán por la marca física más representativa del Antropoceno, conocida informalmente como “clavo dorado”. Este es un requisito esencial para el reconocimiento oficial de una época geológica. A comienzos de 2023 el GTA presentará esta evidencia de manera formal a la Subcomisión Estratigráfica del Cuaternario. Si esta apoya la propuesta, pasará a votación de la Comisión Estratigráfica Internacional, que es la que tiene la facultad de modificar la carta cronoestratigráfica, base de la escala geológica de tiempo. Si la aceptan, el comité ejecutivo de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas deberá ratificarla definitivamente antes de que comience 2024. Como te darás cuenta, el proceso es extremadamente conservador y la propuesta puede fallar en cualquier nivel. Esto es así para evitar que la escala geológica de tiempo sea manipulada de manera indiscriminada. Pero si la evidencia y los argumentos son razonables es posible actualizarla. De hecho, ocurre cada cierto tiempo, precisando y corrigiendo épocas pasadas. 
Eso te iba a preguntar. ¿Por qué hay tantas trabas para declararlo formalmente?
La principal dificultad para oficializar el Antropoceno pasa por el hecho de que es una época en curso, con registros nuevos no solo en relación al tiempo, sino también a su naturaleza, como microplásticos, fertilizantes y cenizas industriales, por ejemplo. Además, la historia humana siempre fue insignificante en comparación con la de la Tierra, por lo que la propuesta del Antropoceno es disruptiva: los geólogos no están acostumbrados a tratar con evidencia que no sea de miles o millones de años. De hecho, un sector muy minoritario del GTA se opone al Antropoceno como época geológica y está presentando una contrapropuesta que lo define como evento geológico, una “solución práctica”, según ellos, para sortear las dificultades de los estrictos protocolos geológicos.    
Se habla mucho del Antropoceno, pero se conoce poco sobre los que efectivamente quieren oficializarlo como nueva época geológica. Vos intercambiás con varios de sus pioneros desde hace un tiempo. Contanos un poco quiénes son y cómo trabajan. 
Paul Crutzen fue una figura fundamental, obviamente. En 1995 recibió el Premio Nobel de Química por sus investigaciones sobre cómo los aerosoles destruyen la capa de ozono. Lamentablemente, falleció en 2021 a los 87 años. El químico atmosférico Will Steffen fue su gran colega. Presidió el IGBP, que introdujo el Antropoceno en sus análisis antes que la comunidad geológica. Tanto él como Crutzen fueron invitados a integrar el Grupo de Trabajo del Antropoceno desde el primer momento. Quien se encargó de presentar formalmente esta discusión a los geólogos fue Jan Zalasiewicz, profesor de Leicester y primer presidente del GTA. Actualmente preside la Subcomisión Estratigráfica del Cuaternario. Hoy el presidente del GTA es Colin Waters, también de Leicester. A estos últimos tres los entrevisté durante el último año en diferentes momentos. Tienen una gran disposición para dar a conocer esta línea de investigación, que lamentablemente tiene poco seguimiento en los medios hispanoparlantes. En el último tiempo reuní mucho de este trabajo para ayudar a difundirlo.
Estás por publicar un ensayo periodístico sobre la geología del Antropoceno. Atravesamos una crisis climática y ecológica que pone en riesgo la vida en el planeta, con fenómenos extremos cada vez más frecuentes y visibles. Sin embargo, elegiste investigar algo mucho menos notorio: el trabajo de quienes buscan registros geológicos sobre esta nueva época en lagos, turberas, corales, hielo antártico y depósitos costeros. ¿En qué nos cambiaría la vida este reconocimiento al interior de la geología?
El Antropoceno es un hecho, pero si llega a ser formalizado pondría a la sociedad entera en alerta, con implicancias legales, filosóficas y culturales muy similares, en mi opinión, a lo que ocurrió con la publicación de El origen de las especies de Darwin. Hasta ese momento predominaba la idea de que las especies eran parte inmutable de una jerarquía diseñada de manera divina y que los seres humanos eran únicos, sin relación con otros animales. Pero Darwin introdujo la teoría de que las poblaciones evolucionan durante el transcurso de las generaciones mediante un proceso conocido como selección natural y presentó evidencias. Para la comunidad geológica, seguíamos en el Holoceno, pero el GTA mostró que el relativamente estable régimen climático que protegió nuestro mundo durante 11 700 años se terminó. Todo lo que se construyó bajo su cobertura peligra. Por ejemplo, el derecho internacional siempre se centró en los cambios políticos entre los Estados, pero no en cómo cambian las condiciones planetarias. Estas se dan por hecho, asumiendo que son estables. Pero el aumento del nivel del mar cuestiona la base fáctica de las divisiones territoriales actuales, el impacto en los movimientos transfronterizos de las poblaciones y los criterios para la condición de Estado. La formalización del Antropoceno provocará una reflexión fundamental sobre las estructuras sociales contemporáneas. Sería un cambio irreversible en nuestra comprensión del mundo, sobre el rol de la humanidad y la de sus clases dirigentes, con consecuencias insospechadas. Siguiendo el ejemplo de Darwin, su obra no solo demostró que la diversidad de la vida surgió de una descendencia común, sino también dio pie a interpretaciones muy retrógradas que justificaron el racismo, el imperialismo y la eugenesia. De la misma forma, ante la amenaza que representa el Antropoceno a creencias arraigadas, hay una especie de “todo vale” donde se pueden encontrar tantos significados sobre el Antropoceno como autores al respecto. Una de las batallas del GTA es ayudar a dar claridad frente a esas interpretaciones: la formalización estratigráfica permitirá sentar una base sólida como punto de partida para otras disciplinas.
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