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Boletín de piques y desventuras de Nat - Publicación #5

Revue
 
Mis días de viajar terminaron hace mucho. Tanto que siento como los recuerdos se desvanecen poco a po
 

Boletín de piques y desventuras de Nat

14 de agosto · Publicación #5 · Visualizar online
Lo que aprendí en estos días sobre literatura, sustentabilidad, tecnología, y el mundo en general. Algún concepto interesante y cosas que pasan.

Mis días de viajar terminaron hace mucho. Tanto que siento como los recuerdos se desvanecen poco a poco, bajo capa tras capa tras capa de rutina y no hay almacenamiento en Google Photos que los pueda hacer volver :( Sin embargo, a fin de ser fiel con mi formato, voy a aclarar que estas cosas las pensé en el camino desde La Paz hasta Montevideo, pasando ineficiente pero sabrosamente por La Isla del Sol, Cusco, un montón de lugares agrestes, Aguas Calientes, Arequipa, Lima, Bogotá y Colonia del Sacramento.

Piques (errores y aciertos autobigráficos)
1 El Banco de la Nación, en Perú, te deja sacar hasta 400 soles a la vez de tu tarjeta de débito internacional SIN COBRAR NADA. Si tu banco te cobra por ese movimiento, es otra cosa. Pero la extracción en sí misma es gratis.
2 Los tours en Cusco se pueden regatear hasta cifras impensables. Yo soy pésima en esto, pero gracias a mis amigos que sí saben, ahorré muchísima plata. En nuestro grupo todos excepto nosotros y un muchacho Israelí fueron estafados. Sin intención perpetrar estereotipos nótese la calidad de mis amigos.
3 Esa plata que ahorré la perdí antes de abordar un vuelo económico a Bogotá. No sé si soy justa. La aerolínea que elegí lleva el concepto de económico a un plano totalmente nuevo. Es tan barato que no pueden permitirse regalarte un vaso de agua aún cuando ellos saben que te obligaron a tirar tu botellita a la basura. Yo creí que me las iba a arreglar para llevar mi mochila con 4 kilos y medio como equipaje de mano. Pues no, la mochila era demasiado alta y no pasó la prueba del casillero. Hay un casillero medidor que reza “si tu equipaje cabe aquí, puedes llevarlo en mano”. Yo no sabía cómo funcionaba eso y la muchacha me dijo que caminara hasta el medidor y pusiera mi mochila en ese casillero. ¡Era EVIDENTE que mi mochila no iba a entrar! Era unos 20 cm más alta que el casillero. No sé si me hizo colocarla por formalidad o para burlarse de mí. Marchen 50 dólares, por mi cara de boluda, para poner mi mochilita en la bodega. Para evitar esta situación la clave es simplemente no asumir nada y leer las condiciones de viaje antes de hacer el check in. Ah, y el check in, depende de la empresa, hay que hacerlo por internet 1, 2 o 3 DÍAS ANTES. No horas antes, como en el Colonia Express. Supongo que estas son cosas que “todo el mundo sabe”, pero no. Yo no tenía idea.
4 Algo que hice bien fue no llevar botas de trekking - aunque llegué a molestar a mi querida Lourdes pidiéndole que me trajera las suyas para probármelas. Me iban a pesar durante todo el viaje solo iban a ser realmente útiles por 5 días. Asumo que en cualquier lugar lo suficientemente turístico cercano a zonas de trekking habrá gente que las alquile. Aprovecho el tema de las botas para homenajear con un link a Diane por encarnar la base de la “comprarquía”.
* Tengo un pique XXL sobre qué llevar - y qué no - en la mochila en un viaje como el que hice, pero es tan extenso que lo dejaré para el próximo boletín. ¿A alguien le interesa lo que llevé en la mochila? ¿Es algo que quisieras leer? ¿Una pésima idea? ¡Escucho opiniones!
Autopromoción desvergonzada
Aprovecho este boletín para contarles que ¡publiqué mi primer libro! Se llama Acá no hay nada y son 10 cuentos sobre ilusión, desilusión y vicisitudes de la vida (“… que la ciencia no puede explicar”, completaría la frase mi papá). Es corto, tiene cosas divertidas, oníricas, autoficcionales, barrocas, posmodernas, rosadas y grises.
Foto de Flor Sassi <3
Si quieren tener el libro en papel contesten a este mail pidiéndolo - es barato. También tengo una versión digital que puede ser suya si me siguen en Instagram, comparten este boletín en Facebook, hacen que 17 amigos se suscriban a mi boletín y me envían 3 dientes de leche comprobables de su priopio ADN. No valen muelas de juicio. Mentira, acá está el link para descargarlo.
Un concepto: dignidad
Mezcla con un poema reflexivo.
Construir la dignidad, a diferencia de otras construcciones, no es algo que se haga de afuera hacia adentro, desde el hábito, desde los hábitos.
Se puede armar así una postura digna, una imagen digna, pero no una verdadera dignidad como expresión y contenido de la valía.
Y en esa difícil construcción no sirve la opinión de los demás ni las declaraciones de la ONU y los países. Que me digan que yo valgo por existir, o por ser una persona de valores, en realidad me da ganas de no existir más.
Para qué darle otra vuelta más al mundo sin valía. Ser un extra remunerado en películas ajenas. Ir a la calle como se va a un trabajo de medio tiempo y volver a mi casa a dormir.
La dignidad se construye de adentro para afuera siempre y cuando haya valía. Y la valía no se construye, se encuentra, o más bien se pierde y no se encuentra nunca más.
Se encuentra. Se encuentra si se busca.
Pero al menos a mí, no me está dada. Me hicieron de madera y sin pensarlo y ni todo el amor de mis padres carpinteros me convierte en una persona de verdad
Yo creía que ea el amor lo que nos llevaba a otro estado. Provocarlo, primero, y sentirlo, después. Sentirlo con los apoyos biológicos, sentirlo sin poder poner un freno. Ser una víctima del amor más que alguien que lo ejerce, y ejercerlo.
Pero no me sirve de nada amar sin mi valía. No me sirve amar, hacerme amar, abrirme, dejar que den un paso más adentro porque ahí se darían cuenta de que, en realidad, acá no hay nada.
Ilustrador: Kirk Vanhouten
¿Qué se le va a hacer?
Si te gusta, no lo arruines
A mí me gusta tener una estructura. Tener pasos para pensar y hacer las cosas. Saber cómo podría a llegar de A a B. Me gusta tener esa guía mental por más que casi nunca la respete y por cada gran crisis, por cada gran punto de inflexión, cambio dos o tres aspectos de mi gran framework para la vida cuyo soporte físico es, hoy por hoy, un panel de espuma plast.
No voy a hablar de mi framework ahora porque simplemente no funciona. Pero sí quiero decir que he sido lo bastante lúcida para deshacerme del concepto de backlog. La vida no lo tiene. Siempre es hoy.
Antes de tener las 100 copias de mi libro en mis manos, ya estaba pensando en que no quiero verlos sacar polvo en el fondo de un estante. Los imprimí para distribuirlos, ¡para que se lean! Así que decidí que uno de los focos de mi año iba a ser ese: Deshacerme de todas las copias de Acá no hay nada, en manos de gente que yo apueste a que lo van a leer.
A ver… lo tuve conmigo el 1 de Junio. Dejo diciembre como margen de error. De junio a noviembre son más o menos 180 días, y yo puedo llegar a tener hasta 120 copias del libro. O sea que 120/180 = 2/3, tengo que deshacerme de 2 libros cada 3 días.
Al principio eso fue fácil: venía sobrada de mi propia meta. Aún era junio y ya había cubierto las “ventas” requeridas hasta agosto porque el libro era nuevo y todos mis conocidos lo querían. Pero era obvio que ya llegaría la meseta, cuando mi público “personal” estuviera cubierto y tuviera que empezar a convencer a completos desconocidos de que me lo compren.
Cerca de ese día, de ese cruce que veía con claridad en mi burndown imaginario, estaba angustiada o con cara de culo en todas las instancias dónde podía llegar a generar una venta. Me frustré, me puse mal, hasta que decidí abandonar la meta de diciembre.
Lo importante, para mí, es hacer algo por el libro todos los días. No llegar a una “conversión”. Soy una escritora independiente, no una vendedora.
Curiosamente ese punto del burndown nunca llegó. Inmediatamente después de mi punto de angustia, dí como 7 libros y hubiera seguido en carrera, “sobrada” por unos cuantos días más. Fue tentador volver a adoptar la meta, hacer como que no pasó nada, pero no. Ya no pienso en eso porque no hay carrera ninguna, no hay gráfico, no hay fecha de entrega.
Escuché en un podcast (no recuerdo si Nunca ayudes a nadie o Nunca ames a nadie) algo sobre cómo recibir dinero a cambio de algo (científicamente comprobado) disminuye la satisfacción que sentís por hacerlo. Si vas por un camino y ves a alguien a quien se le quedó el auto enterrado y te ponés a ayudar, te sentís muy bien de lo que lograste. Pero si la mina saca un billete y te lo da, en agradecimiento, lo arruina todo. Hasta hace un segundo eras un buen samaritano y ahora te convertiste en un peón. Incluso te podés poner a pensar que esos $200 no valen el esfuerzo que hiciste, haberte embarrado los championes, sudar la remera y llegar aún más tarde a la raviolada en la casa de la abuela. De repente todo está mal.
Tanto las medidas de tiempo como el dinero son métricas capitalistas, empresariales, que no tienen por qué meterse en la vida verdadera de uno. Se puede ser eficiente sin ser amargado y se puede ser feliz sin ser eficiente. Hoy se hace difícil recordarlo, pero no todo es una empresa.
Palabras de un amigo
Así que ahí tienes La Paz. No es una ciudad bella, pero es una ciudad diferente. Y en lo diferente encuentras la belleza. (Sergio)
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Agradecimientos de esta vez
A Lia, Gustavo, Natali y Christian por recibirme en sus casas y mostrarme sus ciudades.
A Sam y Kelly por acompañarme a caminar tantas horas, tantas piedras, por estar presentes en lo que viene siendo el momento más feliz de mi vida (spoilers: incluye selva, lluvia y chocolate), y por ser así como son.
A Brandon por preguntar sobre mi animal favorito.
A Ernesto y Ferdi por mi libro, y a todos los que lo han leído y comprado y le han dado para adelante y me han dado imágenes bonitas para promocionarlo. A Daniel por invitarme a leer a la feria de editoriales independientes, y a la primer chica desconocida que se lo llevó. <3
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