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La mala suerte en el trabajo no existe 🍀🍀🍀 | CEO en camiseta

Leo Piccioli
Leo Piccioli
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S07E21 La mala suerte en el trabajo no existe
298.149.475 pesos fue lo que perdieron mis seguidores en Twitter esta semana. O, más precisamente, 1.192.598 dólares. Y, para no deprimirme, no quiero ni hacer la cuenta de lo que perdieron los de Instagram o los de LinkedIn.
Esta es la absurda historia de cómo sucedió, sucede y, seguramente, seguirá sucediendo.
Pero, mejor empecemos por el principio.
A nadie le sorprende este resultado:
“Estamos en Argentina, Leo, ¿qué esperabas?”, me contestan algunos. Pero es algo que se repite en muchos países. Y, si le agregamos que la inflación en dólares de ese período fue de 19%, es todavía más doloroso. 
Claro, alguien podría decir: “Deberíamos ganar más que en 2017 porque merecemos que nos aumenten el sueldo por antigüedad”… De ninguna manera: no merecemos nada que no nos hayamos ganado. Debemos ser más valiosos y entonces ganar más.
Nuestro valor, gracias al aprendizaje, a la experiencia y al networking, debería aumentar con el tiempo.
Y no solo no aumentó lo que ganan sino que más del 60% gana menos que hace cinco años -y eso que esta encuesta, con mayoría de argentinos, fue en junio de 2022, cuando “estábamos bien”.
Podemos despotricar (¡qué plato esta palabra! ¡qué plato decir qué plato!) o podemos encontrar algo valioso en esta situación.
Me interesa indagar en el 24% que sí gana más que hace cinco años en términos reales… ¿Te interesa también? ¡Claro que sí! Son más de 1600 personas y, tal vez, estás ahí.
¿Que no estás, porque usás LinkedIn y no Twitter? ¿Sos una persona seria? Bueno, los resultados en LinkedIn son muy similares: la principal diferencia -esperable- es que en LinkedIn hay mucha menos gente que hace 5 años no trabajaba, lo que genera que los otros dos porcentajes aumenten.
Volviendo a los que ganan más que antes… En mi experiencia, tiene que ver más con las decisiones que tomaron que con la situación. En realidad, con las dos cosas: qué decidieron dada la situación.
Uno de los principales motivos para que no nos vaya bien es una epidemia que nos aqueja: la epidemia de mediocridad, una enfermedad contagiosa, invisible, que mata, al menos de aburrimiento, a millones.
Esa epidemia de mediocridad nos lleva a pensar que el exitoso tuvo suerte o robó. ¿Lo escuchaste alguna vez? ¿Lo dijiste?
La mediocridad es contagiosa, nos lleva a victimizarnos y garantiza que no tengamos éxito.
ALT+TAB
Cambio de tema por un segundo, pero todo cobrará sentido; te lo prometo.
Cuando tenemos que elegir entre dos cosas seguras (USD1000 hoy o un millón en 10 años), una genial de largo plazo y una mediocre de corto, la mayoría elige la genial… Sin embargo, que casi 23% prefiera la segura y mediocre habla de nuestra desconfianza y cortoplacismo.
Ahora, cuando complico un poco la segunda opción las cosas cambian. La primera sigue siendo de USD1000 hoy. La segunda opción es al azar, USD100 o USD5000, con igual probabilidad. Esto quiere decir que la esperanza (teniendo en cuenta que, en estadística, “esperanza” es el “valor esperado”, el valor medio ponderado) de esta segunda opción -al tener la misma probabilidad de sacar el cupón de 100 o el de 5000- es de USD2550: 100 x 50% + 5000 x 50%).
En este punto es importante no confundir esta “esperanza” con aquella otra que nos pone en una situación de víctima, deseando que suceda algo que no controlamos. Bueno, aún así, después de toda la explicación, ¿podés creer que la mayoría elige la opción segura, de tener USD1000 hoy? ¿WTF? 
El malhumor que te generan el tránsito, el país o tu jefe es producto de que tenés la esperanza de que no sea tan malo como, en realidad, sabés que es.
Volviendo a las dos opciones, donde la mayor es probable pero no segura, tenemos miedo: mejor pájaro en mano que 2.55 volando… Tendemos a preferir lo seguro, un sesgo cognitivo que probablemente salvó a la especie pero que hoy nos inhibe de lograr lo que decimos desear.
¿Podríamos haber sido originales y pensado en la Ley de los Grandes Números, que nos garantiza que con suficientes cupones lograríamos esa esperanza de USD2550? Era fácil: nos juntábamos con amigos y familiares, elegíamos cada uno un cupón y repartíamos… Colaboración, otra clave para la felicidad.
Pero no lo hicimos, 60% prefirió la satisfacción instantánea. Nos comimos el marshmallow de Stanford.
¡Otra oportunidad!
“OK, Leo, pero si tiramos el dado muchas veces da en promedio 3.5, todos los sabemos -es una certeza”… ¿Qué elegiríamos si podemos repetir el cupón? Veamos…
Prácticamente el mismo porcentaje prefirió la seguridad de los USD1000 mensuales (USD24000) al cupón que, en 24 meses, ¡¡¡daría más de USD61000 (24 x 2550)!!! Igual me gusta enfocarme en lo positivo: felicitaciones al 1.4% que se pasó al bando de los largoplacistas. ¡Vamos por más!
¿En serio pensaste que estudiar estadística era al pedo? ¡¡¡Era para tomar estas decisiones!!!
¿A quién le importa?
“Leo, yo no tomo nunca decisiones como esta; bueno, solo cuando voy a la ruleta”.
Estás equivocado, pequeño saltamontes.
Tomamos decisiones como estas todos los días, lo que explica por qué más del 60% gana hoy menos que hace cinco años en términos reales. ¿Veo Stranger Things o un par de charlas TED? Una me da más diversión; la otra, desarrollo que, seguramente, será dinero en el largo plazo (con el que podré divertirme).
¿Hago esto, que me sale bien, o le enseño al pasante, que parece medio burro? Una nos da más dinero en el corto plazo; la otra, seguramente, más en el mediano.
¿Hago un esfuerzo por mostrarme en el trabajo, que seguramente me hará ganar más en el futuro, o sigo esperando a que se den cuenta solos?
¿Sigo haciendo “copiar y pegar” entre el Excel y SAP o le pido al pasante -sí, que para otras cosas parece medio burro- que me haga una macro? Me va a tomar más tiempo ahora, pero seguramente me lo ahorrará en el futuro.
Cada vez que elegimos algo, estamos decidiendo entre beneficio a corto plazo versus beneficio a largo. 
Tal vez cambia la unidad de medida (años de vida, para decidir dejar de fumar; ingreso hoy versus futuro, para evaluar hacer un curso; felicidad, para ver si emprendemos un viaje 100% desconectado) pero siempre estamos eligiendo entre GASTO e INVERSIÓN. Ahh, ¿pensabas que -al igual que Estadística- Contabilidad y Economía tampoco servían?
¿Elijo este empleo, que me paga más pero en donde no aprendo o sufro? ¿Voy a la universidad? ¿Compro un café en Starbucks, me lo hago en casa o compro bitcoin? Gasto versus inversión.
Al fin todo cierra
Retomando, si elegimos el “cupón seguro”, el que nos da aquellos USD1000, estamos diciendo que no queremos correr riesgos, negando la posibilidad de perder -pero también la de ganar. Y garantizamos nuestra situación actual… en teoría. Porque si todo lo repetitivo se va a automatizar, tal vez tu situación actual sea más endeble de lo que pensabas… No lo sé, Rick…
Concluyendo -o no: jugar sobre seguro nos trajo hasta aquí, hasta nuestra carrera, nuestra empresa, nuestra profesión (¿nuestro país?).
Tu expectativa de vida es mayor que la de quienes te formaron y crece con los años. Tenés más tiempo de correr riesgos, de equivocarte, de entender que “un fracaso” existe solo para los ansiosos.
Prefiramos mil buenos fracasos antes que un éxito mediocre.
“Pero, Leo, veo gente exitosa por todos lados y a mí me cuesta tanto”… Claro, pequeño saltamontes: las redes sociales y los medios de comunicación nos “engañan”, mostrando mucho más los éxitos que los fracasos… 
Somos mucho menos potentes en el corto plazo de lo que creemos y eso no nos permite ver que somos mucho más potentes en el largo.
Las estadísticas están de tu lado: invertí en el largo plazo, constantemente, y no te vas a arrepentir. Si lo hacés una sola vez, es azaroso. A medida que lo hagas más veces, ese azar se convierte en certeza. En esa “esperanza” que es, en realidad, el valor esperado.
“Pero, Leo, mirá cómo está el dólar, no puedo invertir en el largo plazo; tengo que pensar en el corto”. 
Todo corto plazo es un largo plazo al que llegamos tarde.
Cerrando entonces el círculo, lo que hoy ganamos depende de las difíciles decisiones que tomamos hace cinco años, cuando elegimos repetidas veces entre corto y largo plazo. Ya no lo podemos modificar. Pero lo que ganemos en el futuro, aunque parezca incontrolable, también depende de las difíciles decisiones entre corto y largo plazo que tomemos hoy. 
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Leo Piccioli
Leo Piccioli @leopiccioli

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