¿Elige otro, elijo yo o tiramos los dados? | CEO en camiseta

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Leo Piccioli
Leo Piccioli
¡Hola a las 41477 personas que reciben mi newsletter, y una bienvenida especial a las 388 que lo hacen por primera vez! Tomó bastante tiempo de preparación, si querés suscribirte (en LinkedIn, o directamente al mail), reenviarlo o compartirlo en Twitter te lo agradezco. Siempre digo que tengo los mejores seguidores del mundo.
¿Será un nuevo formato o un simple experimento/fracaso? Ya llevo dos episodios en donde, a partir de la lectura de un artículo y su comentario, respondí preguntas en vivo y publiqué en diversas plataformas. Me gustaría tu opinión y, si te gusta alguno compartilo así me entero.
El primero fue “El oscuro arte de delegar” y el segundo, “La mala suerte en el trabajo no existe”.
Antes de meternos en el nuevo artículo te cuento que planeo escribir sobre presupuestos, tanto para personas, como equipos y empresas y -si me animo- países. Cualquier pregunta, sugerencia o idea será bienvenida como respuesta a este mail o en el post en LinkedIn.

S07E31 Cómo elegir tu puesto de trabajo ideal
-Jorge, tengo buenas y malas noticias.
-Las buenas.
-Valoro mucho tu capacidad y por eso te vas a hacer cargo de Ventas.
Jorge abrió los ojos con sorpresa. Manejaba Marketing desde hacía años, había crecido desde ser el primer operario y siempre había sentido que tenía que esforzarse mucho más para justificar esos ascensos.
Ventas era un área más grande, más importante que el área que ya manejaba. Una muestra de confianza enorme que lo llevaría a crecer más y, claro, a tener que demostrar aún más. Pero faltaba algo.
-Wow Leo, gracias por la confianza, te preguntaría “¿Cuándo empiezo?”, pero prefiero ser respetuoso y preguntarte también por las malas noticias -que al lado de esto no puede ser muy malo- y qué va a pasar con Raúl, que maneja el área.
-Raúl se va a hacer cargo de lo que construiste, el área completa de Marketing.
Los ojos de Jorge se hicieron chiquitos mientras digería esa mala noticia. Desde el comienzo de la conversación, se había autoconvencido de que la propuesta era hacerse cargo de las dos áreas. Pero no. Y a ese cachetazo se le sumaba la comprobación empírica de lo que ya alguien había demostrado científicamente: lo malo potencial nos da más miedo que lo que nos atrae lo bueno potencial. Sí, es lo que explico en “La mala suerte en el trabajo no existe”. En el siglo XXI tenemos que revisar algunos dichos…
Más vale cien volando que pájaro en mano.
¿Jorge responde a las generales de la ley? ¿Sería realmente una mala noticia?
Pero para Jorge sí era una mala noticia. Si las reuniones de gerentes estuvieran musicalizadas, en ese momento hubiera entrado un “tudum” de Netflix o un “chan chan chan chan chan chan” cada vez más rápido, como si se tratara de una persecución en una película de terror.
Diez días antes, yo ya estaba decidido: Raúl generaba mucho más problemas y, después de intentar por todos los medios que mejorara, no lo hacía. Hablé con mi gerente de Recursos Humanos con la idea de desvincularlo lo antes posible. Pero me propuso algo diferente. Algo que al principio me pareció estúpido pero que, una hora después, me di cuenta de que era una idea brillante. 
Rotarlos permitiría ver si realmente Raúl tenía valor, con un riesgo bajo. Al mismo tiempo, llevaría al área que lideraba (Ventas) a mejorar bajo un nuevo -y confiable- liderazgo. 
Mucho tiempo en la zona de confort destruye hasta al mejor líder.
Podría detallar aquí qué pasó finalmente con Raúl y Jorge, con sus áreas, con los resultados de la empresa. Pero me lo guardo para contarlo en el vivo al que estás invitado/a, porque ese no es el punto ahora. 
Lo que me interesa ahora es, por un lado, ¿cómo no me dí cuenta solo de que podía hacer esa rotación, que era una forma más de empujar a la gente a mejorar? Y, por el otro, ¿por qué pensaba que la solución era solamente “para arriba o para afuera”?
El buen líder nunca deja de aprender.
El segundo punto es más importante: ni Jorge ni Raúl querían cambiar de área. Es más: ambos pusieron fuerte resistencia. Uno sabiendo que lo incomodaría muchísimo y el otro, también.
El buen líder genera disconfort -por las buenas o por las malas.
¿Qué pasaría, entonces, si hiciéramos alguna picholiada, como repartir los puestos al azar?
-Pero Leo, estás loco, eso no tiene sentido.
-Disiento, pequeño saltamontes. Hasta encontré un paper académico (que discute el omnipresente Principio de Peter) en donde demuestran que ascender al azar a posiciones de liderazgo no es peor que hacerlo con los criterios habituales.
De hecho, los que respondieron esta encuesta se sienten bastante seguros de poder hacerlo:
¡Qué confianza! Ya lo dije muchas veces: tengo los mejores seguidores del mundo. O los más creídos, víctimas de sesgos diversos. Tal vez, al final, los antiguos griegos tenían razón sorteando puestos  para su democracia con un kleroterion.
En nuestra búsqueda de ser cada vez mejores, vamos a algo más concreto: y si, en vez de azar, dejamos que cada uno elija las tareas que hacer, ¿qué pasaría?
Ya sé lo que piensa el lector: “Leo, tus seguidores son súper ultra recontra creídos”… Puede ser, por algo son mis seguidores.
Las organizaciones (formales y no formales) tienden a parecerse a sus líderes.
Pero, ¿y si es verdad y las organizaciones tienen una oportunidad al repartir tareas de una manera distinta, dinámica y flexible en el tiempo? ¿Y si el valor de cada persona no es lo que sabe sino lo que puede hacer? ¿Si desafiar la zona de confort es lo que hace que cada uno de nosotros sea un poco mejor cada día?
Bueno, vuelvo a mis tareas habituales. Me cansé de esta incomodidad. Hasta la semana que viene.
###¿Te interesa que haga un vivo sobre este tema? Avisame.
La mala suerte en el trabajo no existe
El oscuro arte de delegar
¡Que te hagas una excelente semana!
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Leo Piccioli
Leo Piccioli @leopiccioli

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