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Pase al pie - Aplaudir entre abrazos

Hay una sensación extraña, rara e incluso generadora de disconformismo en los últimos partidos de Boc
Pase al pie - Aplaudir entre abrazos
Por Lástima a nadie, maestro • Publicación #3 • Visualizar online
Hay una sensación extraña, rara e incluso generadora de disconformismo en los últimos partidos de Boca, River y Racing en la Copa Libertadores. Ese partido final, el sexto, cuando se gana y se logra la clasificación (por más que los tres ya estaban en octavos) es el del aliento fuerte que dice “acá estamos”, mostrando expectativas para lo que viene. En ese “y dale, y dale y dale (complete con el equipo de sus amores) dale” se encuentra el acompañamiento del futuro, el mensaje de que vamos a bancar la que venga, como venga y contra quien venga. Es el aplauso que se da mientras los jugadores se abrazan. Lo que nos falta es eso.

El aplauso es un reconocimiento corporal realizado con las manos con una tradición casi carnavalesca y folclórica que hace a la satisfacción, estemos como estemos. Ese tipo de reconocimiento el el que que se merecen el Vasco Olarticoechea y los muchachos del Mundial 90, como refleja la nota “Testimonios tangibles del segundo maracanazo” de Jonatan Scheffer, así como también los jugadores que quedan impregnados para siempre en las camisetas de los clubes, como cuenta la historia “Historias de camisetas que hacen memoria”, de Federico Cavalli. 

Esos mismos aplausos son los que merecerían equipos que quizás hace 40 años estaban en la “D” y que hoy se abren paso en todo el continente, como marca el compás de Defensa y Justicia en la nota “El auto viejo que ahora vuela”, de Santiago Nuñez o un uruguayo que copó Inglaterra como demostró Pablo Nuño Amoedo en “Danny Bergara, el hombre que cambió la historia”. Y, ya que mencionamos a la “D”, pueden pasarse a leer la entrevista al crack de Julio Gauna, jugador de Deportivo Paraguayo y un histórico de la Divisional, en la semana en la que volvieron los entrenamientos. Otro que, claramente, merece un aplauso. 

Y esas mismas palmas son las que se pusieron rojas en cada tribuna futbolera (cuando podían llenarse) con la lucha de un pibe que se plantó contra un régimen de precarización laboral y que fue asesinado, joven al que que recordamos en “Mariano Ferreyra y el fútbol: tirar una pared con la lucha obrera y popular”. Merece un aplauso, también, un grupo de hinchas que se anima a reescribir y rediscutir su historia y sacar del pedestal a gente que no se lo merece, porque el fútbol no tiene por qué tapar las cosas que realmente importan. Algo así es contado en “Bambino, el ídolo que violó” de Facundo Banos. 

Aplausos son los que va a recibir el ídolo que vuelve a su pueblo y a su tribuna, como todo indica va a suceder pronto, o al menos eso nos dice la nueva entrega de El cazador. O los que ameritan a un tipo que hacía del periodismo deportivo un culto a la poesía y al arte, como Osvaldo Ardizzone, a quien le hicimos un homenaje que pueden escuchar en Spotify aquí. O lo que merece un jugador que milita y ayuda a levantar paredes en las villas, como Juan Stanisci contó sobre el último técnico subcampeón del mundo con Argentina en “Alejandro Sabella: pelota y política”. Y, de paso, si hablamos de política, nos metimos esta semana en las últimas elecciones bolivianas con una nota de hace un año pero bastante vigente en “Evo Morales: fútbol y pueblo”, que tiene en la foto de portada un abrazo con ese muchacho que el viernes cumple 60 abriles (ver “El Mes 10”).

Es lindo recordar cuando aplaudíamos mientras los jugadores se abrazaban luego de haber clasificado a octavos. O cuando aplaudíamos por una goleada. O cuando aplaudíamos por una derrota, incluyo de esas que duelen. 

En definitiva, es lindo recordar cuando aplaudíamos y punto. Había afectos y gente querida a la que podíamos abrazar. Mientras no podamos y haya que conformarse con pantallas y canchas vacías, recomendamos que lean. Pero no se olviden que en algún momento, dentro de no mucho tiempo, vamos a volver.

Buen finde de mate.

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