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#9 Interior LATAM: ¿Cómo es la vida en un pueblo de 100 (o menos) habitantes?

Florencia Luján
Florencia Luján
Hola, soy Florencia Luján, desde Entre Ríos, Argentina, y te doy la bienvenida a Interior LATAM, un newsletter con mirada local de Distintas Latitudes.

Hace un mes recibí un WhatsApp de Nicole, una amiga y colega que vive en Buenos Aires, Argentina. “Por si no sabías, salí de viaje en una Fiorino con Mate”, me dijo. “Estamos viviendo ahí y, ¿sabes qué?, pasamos la noche en un pueblo muy flashero de Córdoba profunda que creo que te puede servir para el newsletter”. 
Nicole y Mateo, su compañero de vida, llegaron a Villa de Pocho, una localidad al noroeste de Córdoba con una población de poco más de 100 habitantes. Fueron con la ilusión de conocer “los volcanes de Pocho”, que son tres: el Ciénega, el Cerro Poca y el Yerba Buena. Pero esta historia no trata de volcanes sino de pueblos recónditos y minúsculos que subsisten aún gracias a un puñado de pobladores que, en mayor medida, se dedican a la agricultura y la ganadería, dos actividades claves para el desarrollo económico del país. 
Mis amigos llegaron de noche sin saber bien dónde se metían, pero siguieron. “Es un pueblo ínfimo, que prácticamente no existe”, me explicó luego Nicole. “La verdad que la onda del pueblo es muy flashera porque… ¡puertas abiertas! Súper-archi-mega rural. A la mañana estaba meando en un callejón, escucho un ruido y digo: uh viene alguien. Levanto la cabeza y era un caballo. Vuelvo a escuchar ruido, levanto la cabeza y era una gallina. A Mate le pasó lo mismo pero con una oveja”, me cuenta riéndose. 
¿Cómo es la vida en un pueblo de 100 (o menos) habitantes? Intenté dar con una persona de Villa de Pocho pero no tuve suerte. Sin embargo, una amiga me escribió para contarme de  Valeria, quien podía ayudarme a responder esta pregunta. Ella es de Mangoré, una localidad de 25 habitantes ubicada en la provincia de Santa Fe, Argentina. La mayoría de estos lugares ni siquiera figuran en los mapas. 
En Mangoré sólo queda una estación ferroviaria en estado de abandono y algunas personas que se resisten a irse, como Valeria y su marido, quienes se acostumbraron a vivir en silencio, en paz y con otros hábitos de vida, como por ejemplo cosechar su comida. Allí todas las decisiones o trámites administrativos dependen y se realizan en localidades más grandes, como Colonia Margarita, una ciudad que está a unos siete kilómetros. 
Hay algunos oficios que brillan por su ausencia, como el de mecánico o carpintero. Mientras, otros lo hacen por su presencia, como el de enfermera o manicura. “No tenemos nada”, dice Valeria. Por ejemplo: el policía que hace rondas pertenece a la Colonia Margarita”. 
Una vez a la semana, Valeria va al pueblo más cercano, que está a unos siete kilómetros, y realiza sus mandados lo más rápido posible. Es algo que no se sabe de estos lugares: allí una tiene que estar organizada, no se puede improvisar ni “salir a comprar algo más tarde”.
Sin embargo, además de las y los habitantes de Villa de Pocho, Mangoré o La Loma del Grillo (ese pueblo cubano del que te conté en la edición pasada), en estos lugares puede encontrarse también a personas que comenzaron a pensar en una vida tranquila, saludable y lejos de las grandes ciudades con el inicio de la pandemia. 
No sé si las hay en Villa de Pocho o Mangoré, pero este artículo publicado por RED / ACCIÓN en octubre de 2020 y la última edición del newsletter Una jeva normal explican muy bien este fenómeno, otras de las razones de porqué estos pueblos aún sobreviven. 
Es más o menos lo que pasó con Nicole y Mateo. Hace dos meses ambos decidieron vivir a bordo de una camioneta, impulsados por todo el tiempo que vivieron encerrados en un departamento pequeño de Buenos Aires desde el inicio de la pandemia. “Nos vimos obligados a buscar una alternativa para estar más en contacto con la naturaleza. Fue así que decidimos viajar un tiempo nómades, también con la idea y el deseo de vivir por fuera de Buenos Aires, de buscar otros territorios para habitar”.
Nicole cuenta que para ella lo bueno de vivir en pueblos es “la velocidad de la vida, que está más cerca de la realidad humana sin intervenciones, sin satisfacer necesidades, de interactuar con la comunidad, del equilibrio entre las actividades y el descanso”. Una observación de Nicole a partir de este viaje: “El sistema político en los pueblos es más cercano al paradigma que yo tengo: de las acciones de base en cada comunidad. En los pueblos la política que importa es más chica, tiene que ver con las acciones del intendente”.
“Acá el vivir las elecciones fue súper distinto a vivirlas en Buenos Aires. Las personas tienen otras preocupaciones como para angustiarse tanto por una elección. Puede que esté en la etapa del enamoramiento de pura idealización, pero todo esto a mí me parece maravilloso”. Por último Nicole precisa: “Hace dos meses estamos de viaje, sin fecha de vuelta y aunque tenemos muchas ganas de cruzar a Bolivia pronto, también estamos tratando de vivir despacio, en consonancia con cómo respira el noroeste argentino, por ejemplo”. 
Trabajar con la tierra, estar en contacto con la naturaleza y tener una vida más tranquila son algunas de las principales razones por las que las personas eligen habitar estos pueblos en donde no hay más que una plaza, una iglesia, una estación de tren y un pequeño almacén. Pero entre los audios de WhatsApp que intercambiamos con Valeria, justo sobre los segundos finales de la última nota de voz hay una frase que le da aún más sentido a esta edición. “Uno se aquerencia del lugar”, me dice refiriéndose a ese cariño especial que uno aprende a sentir por el lugar que habita. 
✍ Florencia Luján (@flolujan), Coordinadora de Interior Latam
+ IMÁGENES DESDE EL INTERIOR
Mensajes al poblador rural es un ensayo fotográfico devenido en libro del fotógrafo argentino Jorge Piccini. Retrata el nexo comunicacional de los y las habitantes de la zona rural patagónica con las ciudades y entre sí a través de un programa radial. “Las fotografías recogen esta circunstancia y plantean un entramado poético a partir de estas voces. Los vínculos que establece entre mensajes e imágenes ponen de manifiesto una ausencia: algo que no encuentra palabra para ser nombrado pero que se percibe”.
Imagen: Jorge Piccini
Imagen: Jorge Piccini
Imagen: Jorge Piccini
Imagen: Jorge Piccini
Imagen: Jorge Piccini
Imagen: Jorge Piccini
Imagen: Jorge Piccini
Imagen: Jorge Piccini
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Florencia Luján
Florencia Luján @InteriorLatam

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