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#3 Interior Latam (2022): Destino Venezuela, porque migrar también es volver ✈

Florencia Luján
Florencia Luján
Hola, soy Florencia Luján, desde Entre Ríos, Argentina, y te doy la bienvenida a Interior Latam, un newsletter de Distintas Latitudes con mirada local.

Siempre me genera curiosidad saber a detalle las razones por las que las personas deciden dejar su país de origen y emprender un viaje que, en mayor o menor medida, tiene muchos obstáculos, limitaciones, preocupaciones y desarraigo. Sin embargo, desde que supe que varias personas migrantes conocidas volvieron a sus países, como cuenta Johanna Osorio Herrera en esta edición de Guayabo, newsletter de El Pitazo, siento interés por conocer qué las lleva de vuelta a casa. 
¿No encontrar trabajo y lograr estabilidad económica? ¿Tener problemas para acceder a los sistemas de salud y educación? ¿No estar a gusto en el país de tránsito? ¿Extrañar la familia y amistades? ¿Sentir que no han cumplido sus metas? Puede ser. Sin embargo, cualquiera sea la respuesta, no hay que olvidar que muchas personas emigran con el anhelo inicial de volver algún día. El retorno al país de origen, sabemos, también forma parte del proceso migratorio.
Por eso en esta edición de Interior Latam te contaré la historia de Carlos González, un inmigrante venezolano que en septiembre de 2021, a raíz de la pandemia y el repunte económico que parece atravesar su país, decidió volver a su ciudad natal.
¿Quieres conocer a Carlos? ¡Acompáñame!
✍ Florencia Luján (@flolujan)
Ilustración: Rocío Rojas
Ilustración: Rocío Rojas
De una “ciudad dormitorio” a la “ciudad de la furia”
Carlos Javier González (29) es un escritor venezolano oriundo de Guatire, una ciudad de 300 mil habitantes ubicada en el valle de Pacairigua, en el estado de Miranda, a tan sólo 45 minutos de Caracas. Guatire se considera una “ciudad dormitorio” porque la mayoría de sus pobladores trabaja en la capital.
Ni Carlos ni su familia vivieron nunca en situación de pobreza. Tenían los recursos para soportar una recesión algo larga, pero la grave crisis económica que golpea a Venezuela desde 2014, la pérdida de su empleo y la sensación de que cada vez se alejaba más de algunas aspiraciones personales, lo impulsaron en septiembre de 2018 a migrar a Buenos Aires junto a su mujer, Vicmar Piñero (28), quien ejerce como maestra. Decidieron irse de una “ciudad dormitorio” a la “ciudad de la furia”. 
Es la historia reciente de millones de sus compatriotas. Según el Monitoreo de Flujo de Población Venezolana de The Displacement Tracking Matrix (DTM), cerca de 5.6 millones de personas de nacionalidad venezolana residen fuera de su país, la inmensa mayoría en países de América Latina y el Caribe. Y aunque Argentina no es de los principales receptores, lo cierto es que la comunidad venezolana ha crecido allí sostenidamente durante los últimos años. En la actualidad, más de 174 mil venezolanxs residen en el país suramericano. 
“Argentina es muy amable y abierta con el extranjero”, dice Carlos”. A través de una nota de voz de WhatsApp, en la que deja entreoír su cálido acento guatireño, explica que en Buenos Aires “siempre pudimos acceder a documentación, atención sanitaria y también a algunos gustos personales”
Sin embargo, desde que llegaron a la ciudad, Carlos y Vicmar supieron que no era un lugar para quedarse por mucho tiempo. El ritmo de vida era muy diferente al de Guatire. Además, les fue difícil conseguir trabajo. 
“Mi primer empleo fue en un supermercado chino como repositor”, cuenta Carlos, quien también hacía algo de fotografía social, hobbie que tiene desde 2013 y que le generó algunos pesos extras durante esta etapa. Después ingresó como administrativo en un centro médico, donde duró un año y dos meses, hasta que llegó la pandemia y le recortaron parte de su sueldo, por lo que decidió trabajar como repartidor de la empresa de delivery Rappi. 
En cuanto a Vicmar, ella consiguió empleo enseguida, primero como moza en un bar en el microcentro porteño y luego en un restaurante en el Aeroparque Internacional Jorge Newberry. Más adelante, antes de la pandemia, comenzó a hacer suplencias como docente de preescolar. 
Sin embargo, las dificultades económicas hicieron que, después de tres años, Carlos y Vicmar reconsideraran su decisión. 
¿Vuelta a la patria venezolana?
Durante una trasmisión de Venezolana de Televisión (VTV), el pasado 15 de marzo de 2022, Nicolás Maduro desacreditó a organizaciones de derechos humanos que repiten que 6 millones de personas han emigrado de Venezuela desde mediados de la década pasada. En contraposición, aseguró que más de 350 mil  han regresado al país huyendo de Chile, Perú, Ecuador y Colombia, apoyados por el “Plan Vuelta a la Patria”, activo desde septiembre de 2018.
El Plan “Vuelta a la Patria” ofrece atención y apoyo a personas migrantes que expresan su deseo de volver al país. Sin embargo,  un comunicado de prensa publicado por la cancillería venezolana el 23 de marzo de 2022, apenas una semana después de la alocución de Maduro, ubica en 28.020 las personas retornadas desde 19 países, muchísimas menos que las enumeradas por Maduro.
Sin embargo, no deja de ser cierto que la pandemia forzó a miles de migrantes a regresar a su lugar de origen, como sucedió con Carlos. Luego de meses de supervivencia en Buenos Aires, pensó en tres posibles escenarios: emigrar a otra ciudad argentina, como Rosario o Córdoba; a otro país, como España; o volver a Venezuela.
“Entre las tres opciones nos decidimos por la tercera porque supimos que podíamos acceder a una vivienda, ya que hubo una baja de precios considerable, al menos en Guatire”, comenta desde su nuevo apartamento de tres ambientes. 
De acuerdo a cifras del Indicador de Actividad Económica elaborado por el Observatorio Venezolano de Finanzas, la actividad económica del país aumentó un 6,8% en 2021, lo que impactó en el nivel de producción de bienes y servicios. 
La economista venezolana Tamara Herrera, quien trabaja en la consultoría económica Síntesis Financiera, explica que en 2021 la economía venezolana dejó de caer por primera vez en siete años. “Según nuestros cálculos, hubo un crecimiento del Producto Bruto Interno de un 2%, y estimamos que puede crecer hasta un 5%”, agrega. 
Según Herrera, este crecimiento económico se percibe fundamentalmente en las zonas urbanas. Por eso se habla de más autos en las calles, comercios más llenos, un incremento en el consumo de alimentos y más facilidades para importar suministros, lo que da una idea de bonanza”. 
No obstante, aunque es importante valorar y cuidar este crecimiento, la economista advierte que “en este proceso de recuperación hay una gran desigualdad en los distintos sectores”, debido fundamentalmente a que “todo está concentrado en el sector comercial”. 
La sensación de volver a estar en casa
Johanna Osorio Herrera (29) es una joven periodista venezolana que emigró a Colombia en marzo de 2019 con la ilusión de ayudar económicamente a su mamá.
En noviembre de 2021 decidió regresar a Venezuela, donde se mantiene. “Más allá de las cifras oficiales, la situación económica no es óptima”, dice. “Pero sí está mucho mejor que en 2018 y 2019. Cuando yo me fui había mucha escasez”.
“La Venezuela en la que me encuentro ahora es una en donde hay medicamentos y alimentos” sigue contando Johanna. “Ahora puedes conseguir lo que buscas en el mercado. De hecho, hay productos importados que son accesibles, pero no para toda la población”.
“Tengo la impresión de que hay más poder adquisitivo en este momento” dice. “Al menos yo tengo más poder adquisitivo que en 2018 y 2019, aunque menos que el que tenía en Colombia”. 
Para los migrantes que decidieron regresar, Johanna imagina que lo más complicado es asumir que el acceso a los servicios públicos es ocasional. Por ejemplo, ella tiene agua solo seis horas cada dos días en su casa. Además, agrega que al volver de países donde el dinero rinde más, es difícil adaptarse a los precios y a las nuevas políticas monetarias. A ella en particular le costó más de un mes entender que podía comprar con dólares en las tiendas y recibir su vuelto en bolívares.
“Lo que más vale al retornar, más allá de todas las dificultades, es la sensación de volver a estar en casa”, dice. Algo que ya había dejado entrever en enero pasado, cuando tuiteó: “Vivir en Caracas, ver todo el tiempo a mi familia, pasear con mis gordos cerca del Ávila, salir con mis amigos amados, caminar por la ciudad, mi ciudad. Tengo hoy lo que soñaba hace unos meses y estoy más en paz, más feliz, que nunca. Qué raro y hermoso camino me trajo hasta acá”.
Migrar también es volver
Desde hace un mes, Carlos trabaja como recepcionista en un hotel en Guatire. Tomó el empleo porque tiene mejor remuneración que la de su profesión original. Al ser “guatireños”, dice que el proceso de conseguir trabajo fue más rápido. Su experiencia en la ciudad, dice, no ha sido amarga. Al contrario, están felices allí. “Nuestra economía y felicidad está mucho más estable que en Buenos Aires”.
De Buenos Aires extraña la comida y la arquitectura, algo que pudo apreciar cuando trabajaba para Rappi: “Si bien no soy fanático de las grandes ciudades, en mi trayecto diario en bicicleta recorrí barrios muy bellos”, dice. No descarta la posibilidad de volver algún día como turista a la que Gustavo Cerati bautizó alguna vez como “la ciudad de la furia”. Si lo hiciera, tomaría una bici y recorrería lo conocido y lo desconocido de aquella ciudad que por momentos les fue hostil. 
Como tantas otras personas en Venezuela, Carlos no está seguro de cuál será la situación futura del país, pero sí muy a gusto de haber vuelto. Fue una decisión que pensó y tomó junto a su esposa, un paso que dieron en pos del bienestar de su matrimonio, que hoy espera con alegría su primer bebé, que nacerá en Guatire.
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Florencia Luján
Florencia Luján @InteriorLatam

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