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#2 Interior Latam (2022): Oruro, la ciudad en donde nace la luz y brillan las travestis ✨

Florencia Luján
Florencia Luján
Hola, soy Florencia Luján, desde Entre Ríos, Argentina, y te doy la bienvenida a Interior Latam, un newsletter de Distintas Latitudes con mirada local.

Desde chiquita tengo un olor favorito que nunca supe describir ━¿se pueden describir realmente los olores?━. Me refiero a ese aroma plástico que emana del paquete de globos de agua (yo les conozco como “bombitas” o “bombuchas”). Cada vez que lo siento, viajo a través del tiempo a una tarde de verano de finales de los noventas y me veo agachada a la altura del grifo de agua, llenando una bombita. Debajo hay un fuentón con más globos que utilizaré para jugar con mis primas al carnaval.
Quienes fuimos niños y niñas en mi barrio a finales de siglo acostumbrábamos a jugar al carnaval las últimas dos semanas de febrero. El juego consistía en llenar muchas bombitas (si era todo el paquete, mejor) para luego tirárnoslas hasta acabarlas. Luego seguíamos lanzándonos agua con el fuentón o algún otro tarro que estuviera a la mano. De fondo escuchábamos una y otra vez la alerta de mi tía abuela: “No corran, se van a caer”.
Justo estamos en esa época en que muchos países de América Latina, sobre todo de la región sudamericana, celebran el carnaval, que adopta diversos matices de acuerdo al lugar donde se realiza (aquí puedes ver más). Muchos tienen lugar fuera de las capitales. Entre los más famosos están el de Encarnación, en Paraguay; el de Barranquilla, en Colombia; y el de Oruro, en Bolivia. 
Ante el aumento de casos de Covid-19, muchas ciudades de la región cancelaron sus carnavales por segundo año consecutivo. Pero no fue el caso de Bolivia, que recientemente anunció la vuelta del Carnaval de Oruro, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2001, para este 26 y 27 de febrero.
Hace mucho tiempo que ya no juego a las bombitas en estas fechas, pero para no desaprovechar la noticia de la vuelta del Carnaval de Oruro, en esta edición quiero contarte acerca de La China Morena Travesti, un personaje tradicional y queridísimo de esta celebración que marcó un antes y un después para la población travesti boliviana de los años 60 y 70. ¡Vení, vamos hasta Oruro!
✍ Florencia Luján (@flolujan)
Ilustración: Rocío Rojas
Ilustración: Rocío Rojas
Oruro, la ciudad en donde nace la luz y brillan las travestis
En Bolivia hay una ciudad ubicada a tres mil metros sobre el nivel del mar y rodeada de montañas que se llama Oruro. Su nombre significa “donde nace la luz”, algo que sus habitantes parecen tomarse muy en serio cuando llega febrero. Entonces, durante el último fin de semana, resurge el Carnaval de Oruro con un despliegue tremendo de colores, plumas, disfraces, bordados, tambores y trompetas. 
Lo más esperado del carnaval son las “entradas”. Así se le llama al desfile de bailarines, músicos y bandas que el sábado realizan una procesión de 20 horas hacia el Santuario de la Virgen del Socavón. Una de las danzas típicas más famosas de las “entradas” es La Morenada, con sus bailarines con máscaras de rostros negros y robustos trajes de colores. La China Morena es uno de sus personajes más icónicos. 
Descubrí este personaje gracias a una compañera de trabajo que asistió a la muestra «La China Morena: memoria histórica travesti» que exhibe el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA). Su historia viene desde inicios de la década del 60, cuando grupos de hombres se travestían para participar en los bailes de La Morenada. 
En pleno auge de la Revolución Sexual, este personaje fue intervenido por Carlos Espinoza, un bailarín y modisto boliviano que creó e interpretó un nuevo tipo de China Morena, en su caso conocida como la Gran Ofelia. Inspirado por las vedettes de la época, como la argentina Moria Casán y la mexicana María Félix, Espinoza reversionó el traje original de esta figura (pollera larga, botas cortas y blusa manga larga) para incluir elementos con una estética mucho más provocativa. 
A partir de entonces, La China Morena se vistió con minifaldas, corsets, blusas con manga plato, botas largas, medias de red y brillo, mucho brillo. Y aunque luego terminó cayendo en el olvido producto de la represión política, este personaje marcó un antes y un después en la historia de la cultura popular boliviana por dos razones: primero, porque promovió como pocos la visibilidad de la población LGBTI, y segundo, porque impulsó la participación de mujeres en los carnavales del país.
“Los personajes olvidados del Gran Poder”
David Aruquipa Pérez, gestor cultural y activista LGBTI boliviano, fue quien rescató y retomó esta historia en 2009, cuando se encontró con un pequeño artículo que mencionaba a las travestis y su rol dentro de los antiguos carnavales. A partir de entonces, encaró una búsqueda que lo llevó a publicar un libro y a montar una muestra fotográfica sobre las historias de La China Morena y la población LGBTI en Bolivia. 
Las fotografías de la época muestran a las chinas morenas erguidas al centro de “las entradas”, sonrientes, con la frente en alto y sus brazos abiertos como alas de mariposa, desnudando su feminidad. Irrumpen en la escena al compás de las trompetas, sus rostros y caderas girando de un lado al otro con una sutileza y sensualidad atrapantes.
En realidad la situación de la población LGBTI boliviana de los 60s y 70s no era muy diferente a la de ahora. Según Aruquipa eran constantemente discriminadas, agredidas y detenidas ilegalmente. Las travestis de la época decían con frecuencia: “Tenemos 365 días en el año. 364 somos perseguidas”. Ese día restante era el del carnaval. 
Aruquipa cree que siempre hubo una “doble percepción de aceptación” cuando se trataba de La China Morena, ya que en vísperas de la celebración toda la sociedad las protegía. Sencillamente no podían faltar. Sus figuras eran sinónimos de belleza, sensualidad, prestigio y valor. Tanto así que, de acuerdo al archivo periodístico de la época, el conjunto de La Morenada que no tuviera su China Morena no era considerado un conjunto de prestigio.
“El beso de Barbarella”
Las Chinas Morenas lograron que, aún a inicios de la dictadura de Hugo Banzer -que provocó la desaparición de centenares de personas en Bolivia-, los travestis que participaban de las fiestas populares llegasen a presentarse en las grandes ciudades. Así fue hasta el Carnaval del Gran Poder de 1975, en la capital. No hay archivo fotográfico que dé cuenta de ello, pero es sabido que cuando la fiesta ingresaba al centro de La Paz, una travesti muy famosa y provocativa llamada Barbarella se acercó al dictador y le dio un beso. 
“El beso de Barbarella” marcó un hito para la población travesti boliviana. Aunque a partir de entonces desaparecieron las identidades travestis y trans de las fiestas populares, este hecho marcó el nacimiento de un movimiento y un discurso político sin precedentes basado en la experiencia del cuerpo trans. “Fue un primer grito de liberación y desafío al poder político”, dice Aruquipa. “Las Chinas Morenas abrieron camino desde las fiestas populares, que utilizaron como espacio de reivindicación, presencia y rebeldía”. 
A pesar de avances institucionales en materia de derechos de las comunidades LGBTI, como la Ley Contra el Racismo y Toda Forma de Discriminación de 2010 y la Ley de Identidad de Género de 2016, su situación sigue siendo preocupante. La falta de presupuesto o insuficiencia del Estado para implementar estas y otras políticas públicas similares hacen que leyes no sean suficientes. 
Debido a esto, las personas LGBTI sufren vulneraciones y violaciones a sus derechos humanos. La discriminación, la agresión física, la violencia intrafamiliar, la obstrucción a la justicia y los crímenes de odio contra ellas son persistentes en Bolivia. Según el Centro de Documentación y Situación Trans en Latinoamérica y el Caribe, el país registra 67 asesinatos de personas transexuales en la última década. 
En febrero de 2021, Luna Humerez, Presidenta Nacional de la Organización de Travestis, Transgéneros y Transexuales Femeninas de Bolivia (Otraf), explicó que “las agresiones a las personas trans aún son frecuentes por la intolerancia e ignorancia de muchos sectores de la sociedad”.
En la actualidad, el personaje de “La China Morena” es interpretado por mujeres. Es, de alguna manera, otro logro de quienes lo desempeñaban hasta “El beso de Barbarella”. Su censura en plena dictadura abrió el camino para que las mujeres formaran parte activa de los carnavales. Hasta ese momento ellas sólo se encargaban de confeccionar los trajes con que los hombres bailaban en el carnaval, y en caso de participar en alguna entrada folclórica, tenían que hacerlo con máscaras para que nadie notase su presencia.
Olor a carnaval en el altiplano boliviano
La China Morena no existe más allá del carnaval, pero el romper con una mirada binaria de identidad de género en medio de una dictadura y de la Revolución Sexual hizo de su personaje una bandera política para la población LGBTI de Bolivia. Es una de las razones por las cuales Aruquipa plantea que la China permite analizar y replantear la figura del carnaval bajo códigos de género y diversidad sexual. 
“No había una intencionalidad o conciencia política en sus acciones”, dice. “Las fiestas populares fueron y son escenarios de rebeldía. Ellas abrieron sendas que ahora transitamos, nos alimentaron para cuestionar las identidades fijas. Sus memorias nos presentan un entretejido que va desde las maricas y travestis que expresaban su orientación sexual e identidad de género diferente en y desde la cultura popular, hasta otras que incidieron desde su individualidad y posición”.
Gracias a la labor de David y de otros actores culturales y políticos de Bolivia, la historia de la China Morena ya no puede señalarse como aquel artículo que encontró en 2009 que las presentaba como “personajes olvidados”. Mientras tanto, el viento que sopla desde las montañas que custodian el Santuario del Socavón trae el olor del Carnaval de Oruro, la ciudad donde nace la luz y brillan las travestis. 
Antes de despedirme, una oportunidad:
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Ilustración: Rocío Rojas
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Florencia Luján
Florencia Luján @InteriorLatam

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