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Más que remoto: el futuro del trabajo asincrónico

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Más que remoto: el futuro del trabajo asincrónico
Por Eduardo Remolins • Publicación #14 • Visualizar online
Creíamos que la revolución era hacer y ver todo en tiempo real. La verdad es que el futuro es asincrónico.

Hola amigos. Bienvenidos al número 14, todavía en modo quincenal pero preparando todo para volver a escribir todas las semanas. 
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Ahora sí, vamos a hablar de trabajo asincrónico.
Arbitraje de tiempo
Uno de mis conceptos favoritos en economía es el arbitraje.
Es extremadamente simple: significa comprar algo donde es abundante y por lo tanto barato, para venderlo donde es escaso y por lo tanto caro. 
El arbitraje es esencial en la economía. Lleva los bienes donde más se los necesita y lo hace a través del sistema de precios y la búsqueda del beneficio por parte de los emprendedores.
Hay una versión particular de este concepto que casi me gusta más: el arbitraje de tiempo. 
Casi todos lo hemos experimentado en algún momento.
¿Hay algo más agradable que poder ir de vacaciones cuando hay menos gente y los precios son más bajos? Se disfruta más y se paga menos. 
Haciendo arbitraje de tiempo un martes a la mañana
Haciendo arbitraje de tiempo un martes a la mañana
¿No es increíble ir a la playa, a las montañas o a cualquier lugar de esparcimiento cercano, en un día laborable y fuera del período de vacaciones?
Se disfruta una sensación de libertad especial.
Y eso es consecuencia directa de que la sociedad está organizada de manera que todos tomamos las vacaciones más o menos en la misma época, tenemos nuestros días de descanso casi siempre los fines de semana y cumplimos horarios más o menos similares. 
Resultado: todos estamos juntos a la hora del esparcimiento. Tenemos congestión de tránsito para ir al trabajo y precios más altos para casi todo. 
Sin embargo, desde que en 2020 la tendencia del trabajo remoto se aceleró, muchos comenzaron a experimentar y disfrutar no sólo de que no hacía falta moverse para trabajar, sino de que los tiempos para hacerlo también podían ser más flexibles. 
La verdad es que remoto no quiere decir necesariamente asincrónico.
Lo primero significa “a distancia”. Lo segundo significa “que no es hecho al mismo tiempo”. 
Por ejemplo, puedo trabajar desde mi casa teniendo dos o tres reuniones por Zoom o llamadas con diferentes personas o equipos.
Eso sería sincrónico. Similar a lo que hacemos presencialmente, sólo que por Internet. 
Pero podría también comunicarme con ellos por mensajes de voz y escritos y recibir respuesta en el momento que ellos encuentren más conveniente, dentro de un lapso de tiempo razonable.
Eso es asincrónico. 
Aún más que una forma de trabajo nueva, es la forma de comunicación personal que se ha impuesto sin que nos hayamos dado cuenta casi. 
Lo saben bien los millennials y centennials, que han desarrollado una predilección tan marcada por la comunicación asincrónica (mensajes que van y vienen por Whatsapp), que les da ansiedad hablar por teléfono
Enviar un mensaje de texto o audio y recibir una contestación unos minutos u horas después es asincrónico. 
La empresa sin reuniones
Cuando el trabajo remoto implica que las personas están distribuidas en zonas horarias diferentes, por ejemplo, el trabajo asincrónico se vuelve mucho más importante. 
Lo viví (y sufrí) cuando trabajaba en forma remota para empresas de Argentina y de Europa. Mientras que unos comenzaban a interactuar a las 8:30 de España, los otros llamaban y pedían reuniones a partir de las 5 PM. 
El trabajo asincrónico es como ir a la playa un martes a la mañana en octubre. Acomodar los horarios a lo que más nos conviene. 
O mejor dicho, el trabajo async (como se lo denomina por su apócope en inglés), es el que nos permite ir a la playa, al parque, al cine o donde sea, a la hora que más nos guste. 
Un empleo que no requiere que todos los miembros de un equipo o una empresa estén trabajando al mismo tiempo o participando de reuniones, permite que cada persona organice sus horarios de diferente manera, de acuerdo a sus preferencias y productividad, mientras produzca lo que le piden. 
Una empresa que es un ejemplo de manual de esto es Gumroad, la plataforma para la venta de productos de creadores (ebooks, cursos, software, etc.). 
Sahil Lavingia, su fundador y CEO, recorrió hasta 2016 el camino típico del “founder” de una startup.
Sucesivas rondas levantando dinero y esforzándose por crecer lo más rápido posible para mantener a los inversores contentos y al dinero fluyendo. 
Pero ese año el “combustible” se le acabó y fue imposible levantar más.
Se enfrentó a la posibilidad de cerrar la empresa o continuar con ella… solo. 
Optó por esto último y, luego de despedir con dolor a todos sus empleados, mantuvo el motor funcionando gracias a una compañía india que le vendía por horas el trabajo para arreglar bugs y mantener el sistema, mientras Sahil se ocupaba personalmente del soporte a los clientes. 
Con el tiempo (y mientras mantenía la empresa rentable y creciendo), comenzó a contratar nuevamente personas, pero part time. 
De hecho, su Director de Producto es un ex Amazon (y también creador en la plataforma), que trabaja en la empresa sólo dos horas por día. 
A comienzos de este año Sahil publicó un artículo en su blog en el que comentaba su experiencia, junto con el nuevo estilo de gestión que tenía ahora la empresa. 
En ese momento Gumroad crecía al 85% anual y generaba ingresos por 11 millones de dólares.
Casi con seguridad no llegará a ser la compañía billonaria que imaginaban sus primeros inversores, pero sigue creciendo a buen ritmo y es financieramente sana. 
En parte por su particular historia, y no por ningún plan deliberado, Gumroad es hoy una empresa en donde no se hacen reuniones, no hay deadlines y, como ya dije, no hay empleados full time. 
En el momento en que pudo volver a pagarlos, sus empleados part time simplemente se negaron. 
Gumroad 2016: bajan los gastos, suben las ventas
Gumroad 2016: bajan los gastos, suben las ventas
Estaban demasiado acostumbrados a elegir las tareas que querían hacer, de la lista de “pendientes”, ponerse al trabajo y entregarlas cuando estuviesen listas, cobrando por productividad. 
Como el mismo Sahil aclara, esto no es un modelo para cualquier empresa. No intenta darlo como el ideal de nada, aunque sí entiende (y coincido) que deja algunas enseñanzas útiles que sí pueden generalizarse. 
En mi opinión, estas son las cuatro principales: 
1- El trabajo async es el mejor compañero del trabajo remoto
Aunque no son exactamente la misma cosa, es natural que cuando el equipo está distribuido geográficamente (a pocos kilómetros o en países diferentes), empieza a tener más lógica que los horarios también se manejen con libertad. 
El trabajo remoto tiende a medirse por productividad, no por cumplir un horario rígido. 
Entre otras cosas, porque es muy difícil, sino imposible, controlar que “se esté en el trabajo” de 9 a 5, además de que es muy ineficiente. 
2. El trabajo remoto no es simplemente migrar los mismos procesos al mundo digital
Por lo que dije antes, las empresas están en un esfuerzo consciente y deliberado para adoptar prácticas y procesos que funcionen mejor con una fuerza laboral distribuida y que trabaja a distancia, sin control o supervisión “in situ”. 
Si las obligaciones son productos a entregar (productos que crear o problemas que resolver), es lógico que se monitoreen esos resultados con independencia de la distribución o de la cantidad de horas necesarias para lograrlo. 
Lo que importa es el resultado. Cada ganancia de eficiencia es un beneficio para el empleado (que dispone de más tiempo libre habiendo cobrado lo mismo) y para la empresa (que obtiene lo que desea en menos tiempo). 
3. El trabajo async exige una forma de comunicación cuidadosa y muy clara
La ausencia de reuniones y de presencia física o virtual en reuniones “sync” exige un tipo de comunicación, generalmente escrita, muy clara y precisa. 
Esta es una habilidad que se va haciendo cada vez más valiosa y demandada. 
Los procesos de trabajo deben adaptarse y la comunicación también. 
La libertad de horarios tiene un costo: la dedicación y el cuidado en la forma en que se comunica con los compañeros de trabajo. 
Esta es una habilidad que, en mayor o menor medida, todos tendremos que mejorar o adquirir. 
Es el superpoder del mundo laboral del siglo XXI. 
4. El trabajo async permite lograr con más facilidad el Deep Work
Deep Work es el trabajo de alta concentración y alta productividad, libre de distracciones y tan difícil de lograr en las oficinas corporativas o incluso en nuestras propias casas, si estamos siendo continuamente interrumpidos por requerimientos y reuniones, aunque sean por Zoom. 
Es lo mismo que se ha descrito como “estar en flow” o en “hacker mode”. 
En otras palabras, esto no sólo permite amoldar el trabajo a las preferencias de los empleados, con las consiguientes ganancias en bienestar para ellos, sino que genera para la empresa un resultado de mayor calidad, realizado por personas que suelen entrar en un nivel de productividad y eficiencia mayor. 
Del “tiempo real” al “tiempo apropiado”
Así como hay predicciones sobre “el mundo del futuro” que han sido muy acertadas y de hecho ya estamos viendo como una realidad (el e-learning, los vehículos eléctricos o el mismo trabajo remoto), hay otras cosas donde acertar se ha revelado como un objetivo mucho más esquivo. 
Creímos por mucho tiempo, desde la aparición de Internet, que el futuro sería “en tiempo real”. Todo instantáneo, todo en el momento, sin demora. 
En cuanto al trabajo y a las formas de producir, en cambio, estamos viendo que muy probablemente el futuro sea todo lo contrario. No es en “tiempo real”, es en “tiempo adecuado”. Un tiempo que, estamos aprendiendo, no siempre es “ya”. 
¡Buen fin de semana!
Eduardo
PD: Si te interesa este tema, en Twitter voy a escribir un poco más.
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