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Cuatro razones por las que a las empresas no les gusta el trabajo remoto

Cuatro razones por las que a las empresas no les gusta el trabajo remoto
Por Eduardo Remolins • Publicación #16 • Visualizar online
Por qué tenemos una economía del siglo XXI con prácticas de gestión del siglo XX.

Aunque todo el mundo habla de él y medio mundo dice estar adoptándolo pareciera que hay algo que no funciona con el trabajo remoto. 
Seamos sinceros: a las empresas no les gusta. 
Muchas lo están implementando, claro, y es posible que tengas algún arreglo de este tipo. Quizás un formato híbrido con algunos días en la oficina y otros en casa. 
Sin embargo, eso no quiere decir que a tu jefe le guste demasiado. Es probable que sólo lo tolere. 
¿Por qué sucede eso? ¿No era el trabajo remoto la revolución que todo el mundo corporativo está abrazando con entusiasmo?
En absoluto. 
La Gran Rebelión
La verdad es que la mayoría de las empresas no son grandes fans y no saben de qué manera lidiar con esto. 
Lo que hacen es aceptar diferentes grados de trabajo a distancia, especialmente cuando sus empleados presionan o amenazan con renunciar si no lo obtienen. 
Compañías como Apple han enfrentado verdaderas rebeliones y cada vez más escuchamos acerca de la “Gran Renuncia” la tendencia por la que cada vez más personas (especialmente en los EEUU, pero también en otros países) están dejando sus trabajos por insatisfacción o para buscar otras oportunidades. 
Las firmas lo han enfrentado tratando de apagar los incendios y cediendo en parte a las demandas de los empleados, pero no mucho más. 
Lo cierto es que a las empresas en general no les fascina el trabajo remoto y hay cuatro razones importantes para eso. 
1. Las empresas te pagan por estar presente, no por tus resultados
Suena duro, pero es cierto. Al menos en un número significativo de empresas. 
El motivo es que los sistemas de evaluación de desempeño son muy malos o imprecisos. 
Las evaluaciones anuales y los objetivos son, en general y en mi experiencia, un sustituto mediocre de una verdadera medición de productividad. 
La gente trabaja y produce, mucho o poco, sin que su aporte sea correctamente considerado. 
Eso hace que, por defecto, la forma de evaluar si estás trabajando y produciendo, sea verte frente al escritorio o en tu lugar de trabajo. 
El supuesto es “si está presente debe estar produciendo algo”.
2. El trabajo remoto te da más independencia (y eso no le gusta a todo el mundo)
El trabajo remoto abre un mundo de oportunidades para las empresas en el área del talento y los recursos humanos. 
Por ejemplo, les permite contratar a los mejores sin importar donde vivan. 
Pero la otra cara de la moneda es que los empleados también tienen muchas nuevas oportunidades. 
Una compañía puede contratar a alguien que vive en otra ciudad, otro país e incluso en otro continente, siempre que pueda hacer su trabajo de forma remota. 
De forma similar, una persona puede acceder también a oportunidades laborales en lugares diferentes al que vive. 
Por lo tanto, no van a estar tan dispuestos a recibir un salario menor sólo porque viven en una ciudad pequeña. Porque podrían trabajar para una empresas de Madrid, Londres o Berlín, sin tener que mudarse allí. 
El balance de poder está cambiando y no todo el mundo se siente cómodo con esa situación. 
3. El trabajador remoto puede conseguir otro empleo en paralelo
Se está volviendo una práctica más común. 
Si trabajas en remoto tus posibilidades de tener un segundo trabajo u ofrecer servicios como freelancer aumentan significativamente. La gente está empezando a aprovecharlo. 
Si puedes acomodar en tu jornada laboral las reuniones en Zoom de ambos empleos (o si no tienes reuniones en Zoom), es más que posible que logres tener dos salarios. 
Mucha gente está comenzando a comportarse como si tener sólo un empleo fuese demasiado riesgoso. “¿Qué hago si me despiden?”
Es más lógico actuar como si fueses un inversor y no poner “todos los huevos en la misma canasta”. 
Es decir, tener un portfolio de empleos y fuentes de ingresos. 
Lejos están los días en los que había que elegir entre tener una carrera o crear una empresa. 
Mucha gente asume ya que pueden hacer las dos cosas. Y actúan en consecuencia. 
Trabajar para dos empresas es una posibilidad, pero también lo son tener un ingreso alternativo como freelancer o consultor o incluso participar en un proyecto estilo DAO, comprometiendo 10 horas a la semana. 
Esta tendencia ha llegado tan lejos que se inventó el término Liquid Work (trabajo líquido) para reflejar esta naturaleza cambiante y flexible que tiene el trabajo actual. 
Liquid Work: reinventando la forma de trabajar en el siglo XXI | Revue
Por supuesto, no todas las empresas están contentas con esto. 
Más que nada porque creen que “la oportunidad hace al ladrón” y no quieren darte la oportunidad de que tengas otro empleo u otra forma de generar ingresos. 
Por lo tanto, permiten el empleo remoto cuando no tienen más alternativa, pero lo hacen a regañadientes y con limitaciones. 
Ese es el motivo por el que el trabajo híbrido está en alza. 
El trabajo híbrido es la forma corporativa de decir: “vamos a ser más flexibles, pero no pienses que vamos a darte total libertad”. 
Mientras las empresas se esfuerzan por manejar las crecientes exigencias y expectativas de sus empleados más valiosos, tienden a inflar la importancia de las soluciones intermedias, como la combinación de días en la oficina y días en casa. 
Esto no es un convencimiento genuino de los beneficios de agregar trabajo remoto al mix laboral, sino más bien un intento de dar respuesta a pedidos que ya no pueden detener o ignorar. 
Es bastante evidente que la mayoría de las compañías no tienen muy en claro cómo moverse en este nuevo mundo laboral. 
Las sorprendió la aceleración de una tendencia que había sido minimizada o negada por mucho tiempo. 
Lo cierto es que hay un patrón en común en los tres puntos anteriores. Y ese hilo conductor es la cuarta razón. 
4. Las empresas están perdiendo el control de sus empleados. Y no les gusta
Con sus trabajadores fuera de vista, los gerentes sienten que ya no están al mando. 
Puede que sea sólo una sensación pero es la forma en la que se gestionaron las organizaciones por siglos. 
Quizás ames que el trabajo remoto te de un mayor control sobre tu tiempo y cómo lo utilizas, pero eso mismo es lo que no le hace tanta gracia a tu jefe. 
Empresas del siglo XXI, managers del siglo XX
El mundo moderno requiere que los directivos inspiren y motiven, más que controlar la ejecución de un conjunto preciso de instrucciones. 
Obtener lo mejor de cada empleado exige plantear objetivos y presentar problemas, dándole a la gente la libertad suficiente para que generen soluciones y estrategias para lidiar con ellos. 
Gestionar de esta forma es 100% compatible con el trabajo remoto, siempre que el trabajo sea posible de realizar a distancia, por supuesto. 
También es más simple medir el éxito y la productividad de cada empleado. 
De manera que el problema de base no es la modalidad de trabajo (remota), sino la incompatibilidad de las formas de gestión tradicionales con las necesidades empresariales y las expectativas de los empleados actuales. 
Nuevamente, no me interpreten mal. No quiero decir que cada empresa sobre la tierra odie el trabajo remoto. 
Lo que estamos viendo hoy a escala global es un cambio colosal en la forma en la que funciona la economía y operan las empresas. 
Es natural que no todo el mundo se adapte a ese cambio a la misma velocidad. 
Como siempre, hay líderes y rezagados. 
Los últimos son un porcentaje importante del mundo empresario.
Pero si te gusta el trabajo remoto, trata de elegir a los primeros. 
¿Te ha gustado?
Eduardo Remolins

La tecnología y los negocios que están cambiando el mundo, explicado para emprendedores, inversores y curiosos.

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