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Estoy buscando un Amante

«La psicología, después de estudiar mucho, descubrió algo trascendental: para vivir feliz, activo o satisfecho hay que tener un motivo.» (Jorge Bucay)

Ayer leí un artículo que decía que el secreto de una vida feliz y longeva consistía en encontrar nuestro propósito, aquello que nos hace sentirnos valiosos e insustituibles.
Pero con la edad, el de encontrar este propósito se me antoja un objetivo cada vez más complicado de alcanzar. Los sueños y las pasiones están tan a flor de piel durante la adolescencia y la primera juventud, en la que el significado de nuestra vida parece que se nos presenta en bandeja delante de los ojos sin apenas buscarlo. Todo fluye de forma aparentemente natural, y tenemos claro el lugar que ocupamos y el que queremos ocupar en el mundo.
Y a medida que vamos creciendo algo se desconecta en nuestro interior. Perdemos el contacto con lo que de sagrado hay en nosotros y dejamos que lo mundano inunde nuestra mente. Las preocupaciones del universo adulto se apoderan de nosotros y nos roban la energía. Renunciamos a muchos de nuestros ideales y dejamos de luchar en muchos sentidos.
A veces, con un poco de suerte, tenemos momentos de lucidez dentro de nuestro letargo y somos capaces de volver a verlo todo con otros ojos. Y nos damos cuenta de que siempre estamos a tiempo de intentar cambiar el mundo, aunque ahora ya sepamos que es un esfuerzo inútil a largo plazo, aunque sepamos a ciencia cierta que hay demasiadas cosas que nunca cambian. Pero mientras sirva para que movemos nuestra energía en la dirección adecuada, aunque solo sea con la excusa de una vida feliz y longeva, habrá merecido la pena.
No he podido evitar que me viniese a la mente ese texto de Bucay en el que nos animaba a buscarnos un amante y que probablemente te hayas cruzado alguna que otra vez en alguna red social:
«Un Amante es cualquier cosa que nos apasione, lo que ocupa nuestro pensamiento antes de quedarnos dormidos y también aquello que, a veces, no nos deja dormir. Nuestro Amante es lo que nos vuelve distraídos frente al entorno, lo que nos hace saber que la vida tiene motivación y sentido.
Un Amante puede ser nuestra pareja, si nos animamos a encontrarlo allí. En otros casos es otro alguien que no es nuestra pareja. También podemos hallarlo en la investigación científica, en la literatura, en la música, en la política, en el deporte, en el trabajo cuando es vocacional, en la necesidad de trascender espiritualmente, en la amistad, en la buena mesa, en el estudio o en el obsesivo placer de un hobby que nos monopoliza cada instante “suelto”.
En fin, es “alguien” o “algo” que nos perturba la conciencia al punto de dibujarnos una sonrisa al solo pensarlo, apartándonos, aunque sea por un momento, del triste destino de sobrevivir.»
Trabajo desde casa desde hace muchos años y por lo tanto estoy más que acostumbrada a pasar bastantes horas a solas conmigo misma. Pero la pandemia me ha quitado las oportunidades de socializar que hacían más llevadera mi faceta de ermitaña. Todos mis hobbies —gimnasio, teatro, quedadas y eventos para jugar a juegos de mesa— llevan mucho en pausa por culpa de las restricciones, y por primera vez desde que empezó todo empiezan a pesarme las horas sin propósito.
Que sí, que ya sé que no tengo derecho a quejarme porque hay mucha gente que lo está pasando mal de verdad y tiene preocupaciones reales, mientras que lo mío son problemas del primer mundo, como suele decirse.
Al menos creo que las reflexiones de esta semana me están empujando en la dirección adecuada: la de probar cosas nuevas con la esperanza de que alguna de ellas se convierta en esa pasión que me quite el sueño durante una buena temporada.
Cualquier dosis de inspiración se agradece, así que cuéntame: ¿quiénes son tus Amantes?
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Carmen

En los 90 las llamadas telefónicas de larga distancia estaban fuera del alcance de los bolsillos de los adolescentes, así que no nos quedaba otra que tirar de sobre y sellos para sentirnos siempre cerca de esos amigos que estaban lejos.

Como soy una nostálgica quiero recuperar de alguna manera la intimidad mágica de esas cartas. Y, si me dejas, pretendo colarme en tu buzón el primer y el tercer domingo de cada mes para compartir contigo mil anécdotas divertidas, confidencias, reflexiones e inquietudes.

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