Ver perfil

Un viaje se vive tres veces

«Un viaje se vive tres veces: cuando lo soñamos, cuando lo vivimos y cuando lo recordamos.» (Anónimo)

Una de las cosas por las que más rencor le guardo a la pandemia que nos ha tocado vivir estos años es por el hecho de haberme robado la posibilidad de disfrutar de la anticipación a la hora de hacer planes —aunque me doy con un canto en los dientes porque no pierdo de vista lo afortunada que soy por no tener más queja seria que esa—.
Para la gran mayoría de los mortales las vacaciones de verano suelen reducirse a un par de semanas, quizá en la playa o quizá descubriendo otro país, pero esas dos semanas de vacaciones alimentan nuestras ilusiones y nuestra imaginación a veces incluso durante meses, o lo que sea que nos dure el entretenimiento de los preparativos.
Anticipar el disfrute y las emociones que nos esperan influye casi tanto en nuestra felicidad como la propia experiencia en sí. Nos da un motivo, una excusa para soñar despiertos y fantasear, y de este modo esos breves quince días nos hacen el inmenso favor de mantenernos motivados e ilusionados durante un periodo mucho más largo.
Pero las circunstancias actuales nos han dejado sin mucho margen de maniobra y con una inevitable actitud cortoplacista. En mi caso en particular, a estas alturas cualquier otro año, no solo tendría desde hace meses mis billetes de avión para volver a España a ver a mi familia y mis amigos, sino que probablemente ya estaría tramando dónde reservar para comer, cenar o tomar un cóctel con cada uno. Estaríamos todos cuadrando fechas para ver qué fines de semana hacer barbacoa en la piscina de mi padre, o decidiendo qué regalo de cumpleaños le hará más ilusión a uno o a otro —porque da la feliz casualidad de que se nos juntan varios cumpleaños por estas fechas y solemos celebrarlos todos juntos—.
Cada vez que Edu y yo reservamos para ir a mi restaurante italiano favorito de Torquay a mí empieza a hacérseme la boca agua incluso antes de salir de casa pensando en ese delicioso plato de pasta, mi preferido, que voy a pedirme cuando llegue (¡siempre acabo pidiendo lo mismo, en el fondo soy un animal de costumbres!).
Pues con los viajes, especialmente los que hago para ir a visitar a los que quiero, me pasa algo parecido. Así que ya te imaginarás lo mucho que me frustra esta incertidumbre de no saber ni si podré volver a viajar, ni cuándo, ni cuáles serán las restricciones/cuarentenas/PCRs con las que me tocará lidiar si es que llega el momento.
Y mientras tanto no queda otra que ir un poco al día, adaptándonos y fluyendo con la situación según por donde nos venga el viento.
Decía el escritor italiano Gesualdo Bufalino que hay quien viaja para perderse y hay quien viaja para encontrarse. Y yo siempre he pensado que la frase funciona igual de bien si cambiamos viaja por lee, porque al fin y al cabo leer también es viajar un poco, aunque sea sentados en el sofá de casa y no en un tren o en un avión. Y lo bueno de ese tipo de viaje es que no hay pandemia que nos lo quite.
Una vez más, muchas gracias por leerme.
¿Te ha gustado? No
Carmen

En los 90 las llamadas telefónicas de larga distancia estaban fuera del alcance de los bolsillos de los adolescentes, así que no nos quedaba otra que tirar de sobre y sellos para sentirnos siempre cerca de esos amigos que estaban lejos.

Como soy una nostálgica quiero recuperar de alguna manera la intimidad mágica de esas cartas. Y, si me dejas, pretendo colarme en tu buzón el primer y el tercer domingo de cada mes para compartir contigo mil anécdotas divertidas, confidencias, reflexiones e inquietudes.

Para cancelar tu suscripción, haz clic aquí.
Si te han remitido este boletín y te ha gustado, puedes suscribirte aquí.
Created with Revue by Twitter.