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La vida después (con las recomendaciones de Gastón Atchugarry)

La semana Afuera
La semana Afuera
Esta semana publicamos dos textos que, desde lugares muy distintos, piensan sobre la literatura hoy y su relación con las nuevas formas de estar en el mundo. Así, Ramiro Sanchiz hace un recorrido de una serie de libros recientes que buscan empujar las barreras de lo “literario” entendido como institución humanista y Francisco Álvez Francese presenta el último libro de poesía de Roberto Echavarren, en el que lo animal y lo humano se mezclan de formas impactantes. Además, recordamos un texto en el que Andrés Gómez Caram reflexiona sobre la escritura de las inteligencias artificiales, y listamos las recomendaciones de Gastón Atchugarry.

Lo nuevo ✨
Vanguardia, humanismo y aceleración: sobre literatura experimental
La vida nueva: sobre “Veneno de escorpión azul”, de Roberto Echavarren
Del archivo de Afuera 📖
Cuaderno de Afuera: “Pierre Menard, Inteligencia Artificial autora del Quijote”, por Andrés Gómez Caram
Los recomendados de Gastón Atchugarry 🤓
Mirar una película, por lo menos para mí, se ha vuelto muy complicado. Mis ansiedades son más profundas, el celular es una constante amenaza y me doy cuenta de que perdí la paciencia que tenía para quedarme sentado mirando la pantalla por más de dos horas ininterrumpidas, en silencio y envuelto en oscuridad. Recientemente, me propuse dejar de lado las series por un tiempo para volver a engancharme con el cine.
El fin de semana pasado me suscribí al servicio de streaming MUBI y enseguida me choqué con una de las películas que aparecen promocionadas en la página de inicio de la aplicación: FIRST COW (2019), de la directora y guionista independiente Kelly Reichardt. Primero miré el tráiler, después me fijé qué puntuación le daban en el par de páginas de crítica que consulto (sé que es una costumbre horrible que tengo que abandonar) y, como todo me cuadraba, le entré. No voy a spoilear, pero sí les puedo decir que es un western distinto a los que estamos acostumbrados. La ambientación, el vestuario, la iluminación y, sobre todo, el relato sensible sobre la amistad, la naturaleza, los sueños y la violencia de una época de conquista la hacen una película memorable. Me sorprendió. 
Envalentonado por el éxito de mi primera experiencia con MUBI y aprovechando que el clima no daba para mucha otra actividad, vi dos películas más. La primera fue Hara Kiri: muerte de un samurái (2011), un violento drama humano ambientado en el Japón del siglo XVII. Desde niño me atrae todo lo relativo a los guerreros japoneses. Mi abuela, que era poco convencional, tenía una katana colgada en la pared de su casa. Recuerdo que me obsesionaba tener la oportunidad de jugar con ella. Nunca me dieron permiso. Mientras tanto, era tradición sentarme en posición de indio a los pies de mi padre y consumir cualquier película de samuráis que encontrásemos en el videoclub de Solymar. Explorando la lista de títulos en la aplicación, di con Hara Kiri y no lo dudé ni un segundo. El responsable es el controversial Takashi Miike. La película fluctúa en distintas líneas temporales y, como todas las del género, gira en torno al honor, el amor y la venganza. 
La última que voy a recomendar es Shiva Baby (2020), de Emma Seligman, una película tragicómica dirigida y protagonizada de forma magistral por dos mujeres que no llegan a los 30 años. La trama sucede en una casa donde se celebra la Shiva posterior a un funeral y no se mueve de ahí. La trama oscila inteligentemente entre situaciones de humor a otras tensas, incómodas y asfixiantes.
Durante este segundo año de pandemia, estuve revisitando una cantidad de libros viejos. En Entrevistas breves con hombres repulsivos, de David Foster Wallace, hay un relato que se llama “La persona deprimida” que narra el derrotero de una mujer con depresión crónica y el impacto que en ella significa el contacto con su psiquiatra y las amigas que forman el sistema de apoyo. “La persona deprimida sufría una angustia emocional terrible e incesante, y la imposibilidad de compartir o manifestar esa angustia era en sí misma un componente de la angustia y un factor que contribuía a su horror esencial”, dice en su primer párrafo. El relato es una radiografía de esta enfermedad que arrasa no solo a quien la sufre, sino también al entorno que la rodea. David Foster Wallace describe el cuadro clínico de una mujer que no puede comunicar su angustia y que está anclada en los traumas de la infancia: “Frente a la imposibilidad de hablar del sol, una persona deprimida apenas puede señalar las sombras que ve en el suelo”. Un texto imprescindible en tiempos donde la salud mental está en el eje de la discusión. Entrevistas breves con hombres repulsivos es difícil de conseguir, pero el relato que recomiendo está en Portátil, una recopilación de textos de David Foster Wallace editado por Random House.  
Mi última recomendación es la obra de Verónica Vázquez. Hierro, cuerdas, papel reciclado, metales, alambre, cartón, hilos. La artista se nutre de ese gran generador de basura que es el ser humano para crear una obra sobria y minimalista. Los desechos industriales destinados al olvido renacen y se transforman en estructuras, en móviles que cuelgan y en esculturas. Reutiliza. Recicla. Regenera. Su obra invita a enfrentarse a la tendencia del recambio veloz, de la modernidad líquida, de lo efímero. La escultora busca la belleza en el deterioro y en lo descartable. Nos toca vivir un período de desconexión, de aislamiento y de menor relacionamiento y el arte es un canal para retomar el contacto entre las personas, para explorar en la intimidad que tan generosamente nos comparten sus creadores.
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