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Adentro (con las recomendaciones de Ramiro Sanchiz)

La semana Afuera
La semana Afuera
Desde lugares distintos y con medios muy diferentes, Sara Ahmed y Bo Burnham reflexionan sobre nuestra actualidad, las relaciones y la búsqueda de la felicidad. A su vez, recordamos la impactante serie de Michaela Coel, que se plantea también problemas sobre la racialidad, el género y el arte, y agregamos la lista de recomendaciones de uno de nuestros editores, Ramiro Sanchiz.

Lo nuevo ✨
El regreso a Ítaca: sobre “Inside”, de Bo Burnham
Cómo arruinar la fiesta: sobre “Vivir una vida feminista”, de Sara Ahmed
Del archivo de Afuera 📖
La creación como cierre: sobre “I May Destroy You”, de Michaela Coel
Los recomendados de Ramiro Sanchiz 🛸
In the earth (Ben Wheatley, 2021). Si la narrativa de horror nos permite leer en las vísceras del presente qué asuntos nos inquietan y nos confrontan con la fragilidad de nuestra confianza en el control y los poderes de nuestra civilización, no es de extrañar que una película que toma como punto de partida una pandemia acaso no tan diferente a la del Covid-19 sea una de las más firmes candidatas a convertirse en el relato de horror cinematográfico más significativo de los últimos años. Pero para todos quienes puedan estar a punto de aburrirse de ficciones sobre contagios, lo cierto es que In the earth hace mucho más que asustarnos con qué clase de mundo nos espera durante y más allá de pestes y plagas globalizadas. En efecto, hay en la película de Wheatley tanto un hacerse cargo de la pandemia contemporánea como una lectura de (e intervención en) el género de horror en que el relato se inscribe, y la elección del subgénero o variante folk (es decir, aquella enfocada en entidades inhumanas ancestrales que acechan en el ámbito de la naturaleza y amenazan con destruir a los sujetos humanos que las confrontan) es tanto una radiografía del estado del género en la última década (pensemos en The Witch, en Midsommar, en The Ritual) como una conexión con el debate filosófico post-realismo especulativo, en particular los aportes a una ecología posthumanista llevados a cabo por Timothy Morton en la última década. Lo humano es frágil y no está tan separado del mundo natural como nos gustaría creer: las catástrofes (antropogénicas o no, la distinción no viene al caso) desequilibran el estado de cosas en el que creemos haber reconocido ese orden que nos conforma y deseamos mantener, y en ese caos reptante las plagas y el clima extremo equivalen al regreso de los Grandes Antiguos lovecraftianos. En In the earth los personajes confrontan una entidad inhumana y primigenia combinando ciencia, sabiduría folk (como en los mejores cuentos de Algernon Blackwood, “Los sauces” y “El Wendigo”) y la vieja psicodelia a la Huxley/Leary/McKenna, en una versión lovecraftiana de Estados alterados insertada en un mundo pandémico.
Philip K. Dick en Minotauro. Con la excepción de El hombre en el castillo (de alguna manera la menos Pulp de las novelas de Dick de la década de 1960, a la vez que no necesariamente la mejor), Ediciones Minotauro no publicó en su época digamos “clásica” (desde su fundación hasta los noventa) ninguna de las novelas de Philip K. Dick, que se encontrarían siempre dispersas en editoriales especializadas en ciencia ficción, ante todo Martínez Roca, Ultramar, Acervo y Edhasa. Así, Ubik, Los tres estigmas de Palmer Eldtrich, Fluyan mis lágrimas dijo el policía, VALIS y Una mirada a la oscuridad, se mantuvieron al margen de Minotauro durante más de dos décadas. Es cierto que todas ellas, con sus aciertos y genialidades, parecen siempre más pulp, más claramente cienciaficcioneras que, pongamos, los libros de Angela Carter y John Crowley publicados minuciosamente por Minotauro; la editorial buscaba otra cosa, se movía con otros preceptos y ensayaba otra(s) estética(s)… hasta los dosmiles, cuando fue comprada por Grupo Editorial Planeta y renovada en cuanto a objetivos y principios. El cambio fue concebiblemente para mal en algunos sentidos, pero ocasionó a la vez la tan esperada reedición (a lo largo de varias oleadas; ahora estamos viviendo una que se propone como bastante exhaustiva y atenta a los clásicos de la editorial) de títulos inconseguibles fuera de librerías de viejo y, en particular, la exploración más a fondo de la obra de ciertos autores. A partir de los dosmiles, entonces, Minotauro se apodera de todos los grandes títulos de la obra dickiana, y hace de Dick (junto a Ursula LeGuin, Tolkien y Brabdury) uno de sus autores señeros. Recientemente han sido reeditados (y traídos algunos títulos a Uruguay, pero no todos) muchos de los libros más importantes de Dick con un nuevo diseño de colección y un criterio de “obra completa” o de “biblioteca Dick” que resulta delicioso para los coleccionistas (como yo mismo). Así, de lo que ha llegado estos últimos meses a las librerías uruguayas cabe destacar La transmigración de Timothy Archer, la primera de las novelas póstumas de Dick y una de las más extrañas de su catálogo, extrañamente realista y narrada por una mujer; La invasión divina, la más delirante de la etapa tardía de su autor; Tiempo de Marte, sin duda entre lo mejor de su producción en general y de sus libros de la década de 1960 en particular; y la relativa “rareza” Lotería solar, la primera novela publicada por Dick (en 1955). También, pero en otra colección/diseño, ha llegado Confesiones de un artista de mierda, para muchos la mejor de las novelas realistas que Dick escribió en los primeros años de su carrera y por tanto tiempo fue incapaz de vender a sus editores.
The Width of a Circle (David Bowie, 1970, 2021). Se trata, reconozcámoslo, de una de esas propuestas “sólo para fanáticos”, pero no por ello carente de ciertas bellezas más o menos oscuras en el contexto de la discografía de Bowie. De los dos discos en que consta el box set (bellamente presentado como un libro, con información de procedencia de las canciones y algunas fotos de la sesión de tapa de The Man Who Sold The World), el primero reproduce una selección grabada para la BBC el 5 de febrero de 1970, con canciones ante todo del álbum David Bowie (1969) entre las que cabe destacar la única versión en vivo disponible oficialmente de “The Prettiest Star” y una excelente “Cygnet Committee”. El segundo –y acaso el de mayor interés–, por su parte, reúne la música arreglada por Bowie para una producción del mimo Lindsay Kemp, Pierrot in Turquoisie; los singles del periodo (“The prettiest star”,  las remakes de “London Bye, Ta-ta” y “Memory of a Free Festival”, y la primera versión de “Holy Holy”); otra sesión para la BBC, en este caso del 25 de marzo; y remezclas de los singles, en la línea del trabajo que llevó a cabo Tony Visconti sobre The Man Who Sold The World en 2020, lanzado como el álbum Metrobolist. ¿Solo para fanáticos? Bueno, sin duda el trabajo composicional para Pierrot… sí entra en esa categoría, pero la sesión de la BBC contenida en el disco 2 del set es una maravilla rockera, en particular las versiones de “The Supermen” y del cover de The Velvet Underground “Waiting For The Man” (recurrente en las actuaciones en vivo de Bowie a lo largo de las décadas). Es interesante notar, además, que en relación a The Man Who Sold The World lo que más llama la atención es la casi total ausencia de canciones de ese álbum, ya que, hecha la excepción de la versión recién mencionada de “The Supermen”, solo encontramos “The Width of a Circle”, en una versión muy primitiva, en el disco 1, y otra casi completa, en el 2. Ambas ofrecen una buena perspectiva de la génesis de esa canción tan emblemática para el Bowie pre-Ziggy, pero lamentablemente no hay un equivalente de otras composiciones clave del momento, como “After All”, “All The Madman” o la ya icónica “The Man Who Sold The World”.
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